domingo, 23 de junio de 2013

Ruta Quetzal BBVA: De la Quadra-Salcedo o cómo emprender un viaje es mejor si hay tormenta

Día 23/06/2013 - 15.08h
Veintiocho generaciones de «quetzales» aseguran que el fundador de esta aventura les hizo el mejor regalo de sus vidas: les regaló el mundo
HOMENAJE MIGUEL DE LA QUADRA RECOPILACION (1/4)

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En su cuarto viaje, a Cristóbal Colón lo persiguió la tormenta. En aquella noche le «desmembró los navíos: a cada uno llevó por su cabo sin esperanzas, salvo de muerte; cada uno de ellos tenía por cierto que los otros eran perdidos». Convivió entonces con los indios de Jamaica, de quienes recibió comida y amparo, y desde donde escribió una misiva a los Reyes Católicos que hoy descansa oliendo a legajo en la Biblioteca de Salamanca.
A legajo es como Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 30 de abril de 1932) quiere que huela la Historia. Guardada en bibliotecas y no tras una pantalla de ordenador. O escrita en la tierra, en el viento, en las huellas que conquistadores, descubridores y aventureros han dejado a su paso y que don Miguel ha enseñado a desentrañar hasta a 27 generaciones. La vigesimoctava, oye por primera vez los aullidos de la Selva del Darién mientras se escriben estas líneas.
Corría el año en que Barcelona se ponía el chándal y nuestros atletas encendían antorchas a golpe de arco y flecha, Hugo Chávez se vestía de líder de Venezuela, la Isla de San Fernando se quedaba sin Camarón y la ONU rendía homenaje al Espacio, ese que hace que nos demos cuenta de lo pequeñitos que somos. Colón estaba de aniversario; se cumplían 500 años desde que arribó en las Américas, los mismos años que ahora se cumplen del descubrimiento del Océano Pacífico de Vasco Núñez de Balboa. Con la vista puesta en tan importante acontecimiento, de la Quadra-Salcedo, a instancias del Rey de España, Don Juan Carlos I, agitó su varita e hizo la magia. La llamaron Aventura’92 hasta que, una vez cumplida la conmemoración del descubrimiento de América, quedó bautizada como Ruta Quetzal, heredando su nombre del pájaro más bello del mundo que le dio alas de libertad.
«En una edad en la que miras con ojos inocentes, don Miguel nos puso delante el mundo». Son las palabras del Director de Asuntos de Defensa de la Fundación Alternativas, Bernardo Navazo. En 1997 se embarcó en la aventura de la Primera Expedición Científica a América, con de la Quadra al mando. Para el albacetense, la «generosidad» de Miguel ha cambiado la vida a muchos de los alrededor de 8.000 europeos, americanos y de países como Marruecos, Guinea Ecuatorial, Filipinas y China a los que Miguel embarcó en la aventura de sus vidas. «Nos ha calado en el ADN el espíritu de dar», señala Navazo, y observa cómo la mayoría de sus compañeros de Ruta se han dedicado a profesiones que repercuten en la comunidad.
Ruta Quetzal BBVA: De la Quadra-Salcedo o cómo emprender un viaje es mejor si hay tormenta
Homenaje a De La Quadra-Salcedo

Bernardo y otros compañeros de expedición de aquel viaje a México de 1997 decidieron hace menos de un año dar las gracias al hombre de 81 años, bigote cobrizo y pelo canoso, cuyas venas son el rastro de cada uno de los ríos que ha atravesado y cuyas marcas en la piel, la cartografía de cada conquista, de tantas conquistas. Y su mirada, la gesta de toda una vida. «Espíritu de la Quadra» fue el grito de guerra escogido. «¡Gracias Miguel!», el sencillo eslógan.
— «¿Gracias por qué?»
— «Por todo. Ni más ni menos».
«Miguelón», como lo llaman «sus niños», acudió a la cita. Los antiguos ruteros —si es que alguna vez se deja de serlo— se pusieron en contacto con la organización de la Ruta Quetzal BBVA: «¿Podéis congelar la agenda de Miguel para ese viernes 12 de Octubre? ¡Pero no le digáis nada, pues es secreto!», y la rueda echó a andar.
Atleta, plusmarca mundial de jabalina como solo él sabía lanzarla —y como no todos supieron entender—, reportero, etnobotánico, siempre nómada, «aventura», «el mundo en acción», premio internacional detelevisión, premio Ítaca a la trayectoria, premio, medalla y otro premio más... Muchas voces pidieron un Príncipe de Asturias a la Concordia que no terminaba de llegar. Y un 12 de octubre de 2012, otro premio: el de saberse alguien que ha cambiado la vida de otros.
«Gracias por enseñarme a ser muy agradecida y a vivir contenta con menos cosas». «Con 38 años, mis planes son pequeños, mis sueños son grandes, y has contribuido como solo mis padres lo han hecho a mi capacidad de amar la vida». «La mochila que llevé en la Ruta me enseñó que muchos tenemos mochilas en la vida muy pesadas, pero al final sacamos la fuerza para llegar a donde queremos». «La vida, cuando se comparte, se multiplica». «Cada verano recuerdo en mi corazón que una nueva Ruta se va a llevar a cabo gracias a ti». «La mejor experiencia de mi vida». «Gracias Miguel por hacer nuestra vida única, por hacernos ver que no existen imposibles, por enseñarnos que todos somos hermanos»... «Yo fui a la Ruta admirando a un futbolista y a un grupo de música, y regresé admirando a un tipo capaz de lanzar una escoba a 80 metros de distancia». «Gracias Miguelón por darnos hambre de salir a conocer mundo».
«Miguel es admirable...» Son las palabras de Liz Haydee Coronel, una diplomática paraguaya de 39 años y expedicionaria de 1991, justo antes de que las lágrimas la obliguen a detener su discurso. «Son más de 20 años y me emociono sólo con recordarlo», dice al teléfono. «Miguel ha seguido su sueño, hizo de todo en la vida, jamás se puso límites. Es lo que nos transmitía», señala. Y recuerda cómo, rumbo al Amazonas a bordo del buque “Guanahani”, don Miguel les leía la bitácora del viaje de Vicente Yañez Pinzón en 1500 y les decía: «El límite lo ponen ustedes».
Muchos de sus compañeros de Ruta —de Aventura, de vida; de la aventura que es la vida— han inspirado sus proyectos vitales en la figura de Miguel, asegura Liz: «No es sólo un Indiana Jones, es un descubridor».
— «¿De qué?» 
— «De hasta dónde se puede llegar»

«Miguel nos dió un regalo: el Mundo»

La Ruta Quetzal BBVA es un puente entre las dos orillas de una misma tierra, una forma de conectar Iberoamérica como un camino de ida y vuelta. «No podemos entender lo que somos sin América, ni América puede entenderse sin España», repite don Miguel.
Volviendo al primer culpable de que este Quetzal echara a volar, aquel cuya hazaña pretendía conmemorar la Aventura 92 de don Miguel, conviene apuntar que no logró lo que buscaba en aquel viaje de las Tormentas. No halló Colón el paso marítimo por centroamérica.Fue el joven Núñez de Balboa quien vislumbró el Mar de Sur, y más tarde, Magallanes daría nombre al paso Estrecho que finalmente comunicaba los dos mares. Cuatro siglos después, la ingeniería quiso hacer realidad el sueño de un Rey de comunicar los dos mares en Panamá, centro de América y centro de la expedición de «quetzales» que desde hace varios días llevan a Balboa pegado en la suela.
Tampoco encontró Colón lo que buscaba cuando partió de Palos de la Frontera un 3 de agosto de 1492. Quería llegar al continente asiático cuando fue a dar con el Nuevo Mundo. Pero de los mayores errores surgen las mejores conquistas. Eso también lo enseña De la Quadra Salcedo. No hay que tener miedo, ni límites. Los grandes conquistadores cuya sangre corre por nuestras venas no los tuvieron

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