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jueves, 29 de agosto de 2013

La sonda Curiosity capta imágenes de un eclipse solar marciano

Secuencia de tres imágenes del eclipse de la luna de Marte
Secuencia de tres imágenes del eclipse de la luna de Marte Efe
La sonda de exploración de la NASA, Curiosity, ha captado imágenes de un eclipse solar desde Marte en el momento en que la mayor de las dos lunas del planeta, Phobos, orbitaba alrededor del planeta interponiéndose entre él y el Sol. Las imágenes captadas por la agencia espacial estadounidense son las más claras conseguidas nunca de un fenómeno de este tipo en el planeta rojo.
Durante el tiempo que ha durado el eclipse, poco más de 3 segundos, Phobos no ha llegado a cubrir la extensión del sol sino que ha formado un anillo de luz que da nombre a este tipo de eclipse anular, según informa la NASA.
"El fenómeno ha ocurrido cerca del mediodía en el lugar en que se encontraba el Curiosity, por o que el satélite se encontraba en su punto más cercano a la sonda y parece más grande de lo habitual", según ha explicado el investigador de la Universidad A&M de Texas, Mark Lemmon, que ha detallado que esto es "lo más parecido a un eclipse total que se puede ver desde el planeta".
Por otra parte, el eclipse, que tuvo lugar el pasado 17 de agosto, sorprendió a los observadores al pasar varias millas más cercano al centro del sol de lo que los astrónomos habían predecido, por lo que, según Lemmon, "han aprendido algo".

lunes, 12 de agosto de 2013

Las «lágrimas de San Lorenzo» deberían ser de San Eleazar

Una estrella fugaz cruza el cielo sobre Salgotarjan (Hungría)
Una estrella fugaz cruza el cielo sobre Salgotarjan (Hungría) Efe
Las Perseidas, la popular lluvia de estrellas estival más conocida como "lágrimas de San Lorenzo", no coincide exactamente con la onomástica del santo y quien debería "llorar" es San Eleazar, que se celebra hoy, 12 de agosto, cuando es más vistosa su aparición en el cielo.
Fueron campesinos irlandeses quienes a mediados del siglo XIX asociaron este fenómeno astronómico con las lágrimas del santo martirizado en la hoguera, porque hace dos siglos el apogeo de esta lluvia cósmica tenía lugar la noche del 9 de agosto, víspera de San Lorenzo.
Aunque mantienen el nombre, en los últimos años la fecha en la que se observa el punto álgido de Perseidas se ha retrasado y tiene lugar alrededor del 12 de agosto.
Según un patrón científico, se calcula que el apogeo de meteoros se retrasa una media de tres días cada siglo, debido a las modificaciones gravitatorias de los cuerpos estelares que producen los grandes planetas del Sistema Solar, como Júpiter o Saturno.
Los meteoros o destellos luminosos que se observan esa noche en el cielo son "pequeñas partículas y polvo de la estela del cometa Swift-Tuttle, que entran a gran velocidad en la atmósfera terrestre", ha aclarado a EFEfuturo Miquel Serra, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias.
Las Perseidas se llaman así porque parecen nacer de un punto en el cielo, situado al noroeste, donde se halla la constelación de Perseo.
Cuando el Swift-Tuttle se acerca a las regiones interiores del Sistema Solar, su núcleo, formado por hielo y rocas, se sublima por la acción de la radiación solar y genera las características colas de polvo y gas.
Estas estelas, que se encuentran dispersas en la órbita del cometa, que cumple un ciclo de 130 años y pasó cerca del sol por última vez en 1992, son las que atraviesa la Tierra cada año, por estas fechas, en su movimiento de traslación.
En este año, la lluvia agostiza de meteoros alcanza su punto álgido durante el mediodía del lunes 12 de agosto, entre las 12:00 y las 14:30 horas (Tiempo Universal), por lo que los observadores deberán esperar a esta noche para que se haga visible.
La luna se encontrará casi en cuarto creciente, pero su brillo no será un obstáculo para la observación de estas trazas luminosas, puesto que se esconde en el horizonte a medianoche y el cielo estará despejado.
Según Serra, la actividad esperada es "similar a la de otros años, de unos 100 meteoros por hora", aunque, ha precisado, que este dato se refiere "a toda la bóveda celeste", por lo que "cada observador sólo verá uno meteoro cada dos o tres minutos".
Ir a un lugar oscuro, sin contaminación lumínica, con el horizonte despejado y alejado de los núcleos urbanos, y tumbarse mirando directamente al cénit, sin prismáticos ni telescopio, para abarcar un mayor campo de visión, son los consejos que dan desde el Instituto Astrofísico de Canarias para observar este fenómeno.

domingo, 11 de agosto de 2013

Los aspirantes a vivir en Marte cuentan sus razones en un documental


Algunos de los aspirantes a vivir en Marte, con el proyecto Mars One, han contado sus historias en el documental independiente 'One way astronaut', que se puede descargar a través de www.onewayastronaut.com. La película, de 54 minutos, es un producto de estudios de Tetteroo medios.
El productor de este proyecto, Peter Tetteroo, ha señalado que Mars One es "un concepto innovador de alto valor periodístico". A su juicio, el interés mundial por esta misión marciana es "revelador" sobre "las inquietudes de la sociedad actual y sobre cuáles son sus esperanzas".
Stephan, Sara, Henri y Beatriz, son los aspirantes que participan en el video y que, como los miles que han presentado su solicitud, están dispuestos a pasar el resto de su vida en el planeta rojo. También participa en el proyecto el creador de esta iniciativa, Bas Lansdorp, que explica las primeras etapas del proyecto, así como expertos espaciales que responden a algunas preguntas sobre los riesgos a los que tendrán que hacer frente los astronautas.
"Este documental es una película que refleja la vida misma. Refleja la inquebrantable dedicación y el sentido de propósito que se encuentran en los voluntarios que se han presentado. Deberían verlo aquellos que se preguntan quién dejaría todo atrás para irse a un planeta nuevo", ha señalado Lansdorp.
Serán 24 las personas que viajarán en el proyecto Mars One al espacio, después de pasar por duras pruebas para comprobar su capacidad. La compañía se ha comprometido a construir en los diez próximos años una colonia habitable y sostenible, diseñada para recibir nuevos astronautas cada dos años. Además, ha explicado que, para ellos, ha desarrollado "un plan preciso y realista basado enteramente en tecnologías existentes".
"Es viable tanto de manera económica como logística, gracias a la suma de proveedores y expertos en exploración del espacio que ya existen", argumenta en la web. De hecho, 'Mars One' evalúa el coste del primer vuelo en torno a 6.000 millones de dólares. Cada uno de los viajes posteriores, una vez cada dos años, costaría 4.000 millones de dólares.
Según ha explicado, "la idea es financiar el grueso del proyecto con la venta de derechos de transmisión de un 'reality show' que empezará a emitirse ya en la etapa de selección y podría convertirse en el mayor evento mediático a escala global". LA MISION
Los organizadores de este proyecto han destacado los principales aspectos que hacen de esta idea una iniciativa viable. Así, según han señalado, el asentamiento en Marte estará propulsado por paneles solares, concretamente con un modelo que se utiliza habitualmente en el sector y que son fáciles de transportar. La intención es crear un área de 3.000 metros cuadrados como fuente de energía.
Como Marte está más lejos del Sol que la Tierra, se reduce la ganancia solar, pero, según han indicado los expertos, como la atmósfera es mucho más delgada, la cantidad de radiación solar que llega a la superficie es mayor que si Marte tuviera una atmósfera más densa.
'Mars One' ha señalado que la utilización de energía solar es posible porque no se requiere producción de combustible para un viaje de regreso a la Tierra. En este sentido, 'Mars One' quiere dejar claro a los candidatos de que tienen que ir con la idea de que nunca regresarán a sus casas terrestres. A partir de su llegada Marte se convierte en su nuevo hogar, donde van a vivir y trabajar el resto de sus vidas.
La compañía planea tener elegidos a los futuros habitantes de Marte en 2015. Los 24 seleccionados se dividirán en seis equipos de cuatro miembros y, durante los siete años posteriores, se irán preparando para la misión.

domingo, 28 de julio de 2013

Tres «super-antenas» para oír a 750 millones de kilómetros


Los satélites que exploran las profundidades más alejadas de nuestro Sistema Solar cumplen con su trabajo, pero otra cosa es que en la Tierra seamos capaces de percibir la señal que nos envían. Para ellos es necesario poner en marcha una técnica que consiste en enfriar el receptor de las antenas hasta unos pocos grados por encima del cero absoluto.
Ahora, un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha posibilitado esta tecnología por primera vez en Europa, gracias a la actualización de tres antenas de espacio profundo, que permitirán recibir con nitidez la información que envían misiones de exploración como Gaia, BepiColombo o Juice.
Según informa la ESA, las antenas, de 35 metros de diámetro, están situadas en Australia, España y Argentina. Utilizan un sistema de refrigeración criogénica para comunicarse con los satélites en banda X, en el rango de las microondas, al igual que los radares de tráfico.
Estas frecuencias les permiten establecer un enlace de comunicaciones a través de unos 750 millones de kilómetros, el equivalente a la distancia entre el Sol y Júpiter.
"Era necesario actualizar los receptores de las estaciones para aumentar su sensibilidad", explica Stéphane Halté, responsable del proyecto en el ESOC, el Centro Europeo de Operaciones Espaciales de la ESA en Darmstadt, Alemania.
"Las estaciones de espacio profundo de la ESA fueron diseñadas para estar 'preparadas para el futuro', por lo que siempre se tuvo previsto mejorar su tasa de transferencia de datos en función de las necesidades de misiones como Juice".
Sólo había un problema: para mejorar sus prestaciones hacía falta un circuito integrado muy específico - basado en el fosfuro de indio - que no se podía conseguir en Europa debido por culpa de restricciones internacionales.
Este circuito permite operar un amplificador de gran sensibilidad a temperaturas por debajo de los -253°C, unos 20°C por encima del cero absoluto. "Al mejorar las prestaciones de las estaciones de espacio profundo, podremos aumentar un 20% el retorno científico de estas misiones", aclara Stéphane.
ASTRONOMÍA | Observatorio Austral Europeo

La desaparición de galaxias masivas

Chorros de gas expulsados de la galaxia NGC 253, captados por el observatorio ALMA. | ESO
Chorros de gas expulsados de la galaxia NGC 253, captados por el observatorio ALMA. | ESO
Tan sólo cuatro meses después de su inauguración oficial, el observatorio ALMA ya está ofreciendo resultados fascinantes. Nuevas observaciones de sus antenas parabólicas han proporcionado a los astrónomos la mejor visión obtenida hasta el momento de una formación estelar que desgasta el gas de una galaxia, y que deja a las futuras generaciones de estrellas sin el combustible necesario para formarse y crecer.
Las impactantes imágenes, obtenidas por 16 de las 66 antenas de ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array), muestran enormes chorros de gas molecular, denso y frío, huyendo del centro del disco galáctico en las zonas de formación de estrellas de la cercana Galaxia del Escultor. Estos resultados ayudan a explicar la extraña escasez de galaxias masivas que hay en el Universo.
La Galaxia del Escultor, también conocida como NGC 253, es una galaxia de tipo espiral situada en la constelación austral del Escultor, a una distancia de unos 11,5 millones de años luz de nuestro Sistema Solar. Es uno de nuestros vecinos intergalácticos más próximos, y la galaxia con estallido de formación estelar más cercana, visible desde el hemisferio sur.
"Con la extraordinaria resolución y sensibilidad de ALMA, podemos ver claramente y por primera vez, concentraciones masivas de gas fríosiendo expulsado por ondas expansivas de intensa presión creadas por estrellas jóvenes" afirma Alberto Bolatto, de la Universidad de Maryland (Estados Unidos) y autor principal del artículo.
"La cantidad de gas nos proporciona muestras evidentes de que algunas galaxias en crecimiento expulsan más gas del que absorben. Es posible que estemos viendo un ejemplo actual de un fenómeno muy común que ocurría en el Universo temprano", añade el científico.

¿Por qué crece, o no, una galaxia?

"Hemos estado estudiando la región de estallidos de formación estelar llamada NGC 253 y otras galaxias cercanas con estallidos de formación estelar durante casi diez años. Pero ", explica Fabian Walker, investigador del Instituto de Astronomía Max Planck, y uno de los coautores del estudio, publicado por la revista 'Nature'.
Los expertos se han percatado que la masa que sale de NGC 253 cada año corresponde a, al menos, 10 veces la masa del Sol, o incluso más. Este escape limitaría la formación de estrellas jóvenes en la galaxia, ya que necesitan de ese gas como un "combustible" para su desarrollo, lo que explicaría su menor tamaño. Las estimaciones de los expertos indican que, de mantenerse este ritmo, la galaxia podría quedarse sin gas en 60 millones de años.
Según los modelos informáticos, las galaxias más antiguas y rojas deberían tener mucho más masa y estrellas que lo que observamos actualmente. Esta diferencia podría explicarse por la presencia de vientos galácticos o escapes de gas que despojaría a la galaxia del material necesario para formar nuevas estrellas.
La formación de galaxias, la manera en que crecen y, en su defecto, por qué no crecen, son algunos de los puntos de interés de la astronomía actual. Más estudios con el conjunto completo de ALMA nos ayudarán a determinar el destino final del gas expulsado por el viento, lo cual nos revelará si los vientos provocados por los estallidos de formación estelar reciclan el material que forma a las estrellas o realmente se lo arrebatan al entorno.
ALMA es una instalación astronómica internacional, es una asociación entre Europa, Norteamérica y Asia del Este en cooperación con la República de Chile. Dos décadas de trabajos ininterrumpidos, y más de 1.500 millones de dólares, han dado como fruto el observatorio astronómico más avanzado del mundo, que se sitúa a unos 10 kilómetros de la carretera que une San Pedro de Atacama con Toconao, en mitad del lugar más seco del planeta.
COSMOS | La odisea en el espacio

El mapa que borró a los habitantes de la Luna

Mapa lunar de John Russell. | EM
Mapa lunar de John Russell. | EM
La cartografía lunar, o selenografía, experimentó un gran avance en el siglo XVIII gracias al trabajo del alemán Johann Tobias Mayer, quien buscaba en la Luna un punto de referencia útil para la navegación en alta mar. Al margen de esta aplicación práctica, el interés científico por representar con exactitud al satélite terrestre siguió dando sus frutos durante las últimas décadas del llamado 'siglo de las luces' y primeras del XIX. Las matemáticas de la época ya podían predecir con exactitud la órbita lunar, pero la geología no había determinado aún qué clase de orbe era realmente: ¿Caliente o helado? ¿Cambiante o inerte? ¿Habitado o desértico? En resumen: ¿Vivo o muerto?
Otro fanático de la selenografía fue el abogado alemán Hieronymus Schröter, que detectó decenas de nuevos accidentes geográficos lunares -uno de los cuales lleva ahora su nombre- y publicó, en 1790, un detallado atlas en el que se empleaba por primera vez la palabra cráter.
En aquel tiempo, se creía que la Luna experimentaba erupciones volcánicas a menudo, y el célebre astrónomo William Herschel creía haber detectado tres de ellas tan solo tres años antes. A esta errónea tesis científica se unía el problema de que Schröter, pese a su gran esfuerzo y dedicación, no era un buen dibujante.
De hecho, sus mapas eran tan inexactos que él mismo creyó ver cómo algunas partes de la Luna habían cambiado, lo que atribuyó a una civilización selenita. La idea de que el satélite, al igual que la propia Tierra, podía albergar vida inteligente, gozaba de una amplia tradición, pero pronto sería desterrada para siempre del discurso científico.
Fragmento del mapa de Beer y Mädler. | EM
Fragmento del mapa de Beer y Mädler. | EM
La obra que puso fin a todas estas especulaciones fue 'Der Mond nach seinen kosmischen und individuellen Verhältnissen' (La Luna y sus condiciones cósmicas e individuales), de los alemanes Wilhelm Beer y Johann Mädler.
Publicado en 1837, tras cuatro años de duro trabajo, pronto se convirtió en el libro de referencia de la selenografía y aún hoy está considerado como el trabajo lunar más importante de todo el siglo XIX. De hecho, hubo que esperar a la invención de los cohetes y el inicio de la carrera espacial para que se produjeran los siguientes avances significativos en nuestra comprensión científica del satélite.

El satélite no puede albergar vida

Beer, un rico banquero aficionado a la astronomía, levantó un observatorio privado en Berlín en 1829 y puso al frente del mismo a Mädler, un apasionado de los cielos que se había quedado huérfano a los diecinueve años con tres hermanas pequeñas de las que cuidar y, desde entonces, se ganaba la vida impartiendo clases particulares.
Ambos dejaron establecido, de una vez por todas, que la Luna "no es una copia de la Tierra". Allí no hay ingenieros que transformen el paisaje, ni animales, ni ningún tipo de vegetación. De hecho, en 'Der Mond' se indicaba con claridad que el satélite terrestre no posee agua ni aire, tal y como mostraba el hecho de que las manchas lunares no cambiaran nunca.
Retrato de John Russell. | EM
Retrato de John Russell. | EM
Junto a esta obra, Mädler y Beer también realizaron el mapa más exacto que se había hecho hasta el momento de las irregularidades lunares, reflejadas con un cuidado estético comparable al de Russell y una precisión científica sin precedentes. Tras la aparición de esta monumental obra, muchos dieron por concluido el estudio de nuestro satélite.
Una de las pocas personas que siguió observándolo de un modo riguroso fue el también alemán Julius Schmidt, director del Observatorio de Atenas, que en 1878 publicó el atlas lunar más completo jamás dibujado. En aquel momento ya se habían tomado varias fotografías de la Luna a través de telescopios; la primera de ellas data de 1839 y es un daguerrotipo realizado por John William Draper, quien más tarde presidiría la Asociación Fotográfica Americana.

Prevalece la teoría de Schmidt

Pero las imágenes reales del siglo XIX aún no ofrecían tantos detalles de interés científico como el cuidadísimo mapa de Schmidt, en el que se destacaban más de 33.000 cráteres. Por ello, este trabajo mantendría su vigencia hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando apareció el mapa fotográfico del astrónomo estadounidense de origen holandés Gerard Kuiper.
Schmidt conocía bien la Luna, tanto a través de su telescopio como gracias a los mapas de Mädler y Beer, y había creído ver, en 1866, cómo se reducía considerablemente el tamaño del cráter 'Linne', llamado así por Madler en honor al botánico Carlos Lineo.
Herschel dio credibilidad al hallazgo de todo un experto en selenografía, como era Schmidt, y postuló que un terremoto había derruido las paredes del cráter y este había sido inundado por lava. Sin embargo, lo más probable es que Schmidt se precipitara en sus observaciones, aunque el motivo concreto de su error sigue siendo un misterio.
Pese a la aparente quietud e inmutabilidad del satélite terrestre, lo cierto es que varias veces se han observado fenómenos lunares transitorios (TLP, por sus siglas en inglés), pero no se tiene constancia de ningún cambio permanente como el anunciado por Schmidt.
La sonda estadounidense Clementine demostró en 1999 que los TLP aún ocurren con cierta frecuencia en regiones como el 'Vallis Schöteri' (llamado así por Hieronymus Schröter),junto al cráter 'Aristarchus'. Un año después, Audouin Dollfus publicó un artículo en el que explicaba el descubrimiento de otro fenómeno similar en el cráter 'Langrenus'.

De nuevo la mirada puesta en la Luna

El hallazgo se había producido en 1992 desde el telescopio Meudon del Observatorio de París y, por lo tanto, es el primer TLP científicamente incontestable de la historia. Estos fenómenos se deben a chorros de gas que escapan del subsuelo del satélite tras un terremoto, y suelen producir un destello de luz que aparece de repente sobre la faz de la Luna y enseguida se desvanece. También se ha sugerido que algunos de estos fenómenos pueden deberse a meteoritos que se hacen añicos y se evaporan tras colisionar con la Luna.
El caso del cráter menguante detectado por Schmidt provocó una nueva oleada de interés por la Luna, la cual, de repente, volvía a aparecer como un mundo vivo y cambiante. En este contexto, el astrónomo, periodista, cronista parlamentario y crítico teatral inglés Edmund Neison -cuyo verdadero nombre era Edmund Neville Nevill- fundó la Sociedad Selenográfica y escribió un libro fundamental sobre la materia, publicado en 1876.
Retrato de Schroter. | EM
Retrato de Schroter. | EM
Esta obra, llamada 'The Moon and The Condition and Configuration of its Surface' (La Luna y la condición y configuración de su superficie) fue una de las que manejaron los científicos de la NASA cuando tuvieron que elegir los sitios de alunizaje del programa 'Apollo'.
Neison se hizo cargo del Observatorio de Durban, en Sudáfrica, y desde allíestudió la órbita y libraciones lunares, poniendo a prueba todas las teorías vigentes sobre nuestro satélite. Aficionado al tenis, se casó con una de las profesionales de este deporte más prestigiosas del momento, la sudafricana nCe Mabel Grant, quien solía ayudarlo en sus investigaciones astronómicas.
Neison fue también un apasionado de la astronomía e historia de la antigua Babilonia, una de las primeras culturas que estudió de forma sistemática el firmamento. Se sabe que escribió varios libros y novelas sobre esta civilización, todos ellos inéditos.

El impacto de los meteoritos

Sin embargo, al margen de Neison y sus colegas de la Sociedad Selenográfica, pocos prestaban atención a la Luna a finales del siglo XIX. Cuando el geólogo estadounidense Grove Karl Gilbert descubrió que los cráteres lunares se deben a impactos con meteoritos, y no a actividades volcánicas, tuvo que publicar su hallazgo en el boletín de la Sociedad Filosófica de Washington, una revista que muy pocos astrónomos leían.
De hecho, el artículo de Gilbert, redactado a finales de 1892, pasó inadvertido durante décadas, hasta que fue rescatado en plena carrera espacial por llegar a la Luna. Desde entonces, está reconocido como uno de los grandes trabajos científicos en relación con nuestro satélite, ya que resolvió un problema que había coleado durante milenios: el origen de las manchas lunares.
Platón y Aristóteles habían teorizado que la Luna era una esfera perfecta, una tesis que resistió el paso del tiempo hasta que Galileo la desmontó con su telescopio.
Tan sólo unas décadas después de que Galileo revolucionara la astronomía, concretamente en 1665, el gran científico y polemista Robert Hooke publicó su obra 'Micrographia', en la que describía, por primera vez, una serie de experimentos destinados a averiguar la naturaleza de los cráteres lunares.
El astrónomo inglés lanzó balas sobre un preparado de arcilla y observó que los agujeros que quedaban eran muy distintos a las irregularidades que mostraba la Luna, por lo que desechó que estos se hubieran formado por impactos con otros objetos estelares. Hooke, como otros científicos de su tiempo, fue un gran enemigo de Newton.
De hecho, argumentaba que Newton le había robado la idea de que la gravedad varía en proporción al cuadrado de la distancia. Al oír esto, Newton eliminó las referencias a Hooke que había incluido en las primeras ediciones de su obra magna, los 'Principia Mathematica', y, según cuenta la leyenda, quemó todos los retratos de su rival.
Recreación de un impacto lunar. | NASA
Recreación de un impacto lunar. | NASA

Solo dos respuestas

En su experimento, el autor de 'Micrographia' hirvió en una sartén un compuesto de yeso y observó cómo estallaban las burbujas, que hacían las veces de volcanes en miniatura. Al parecer, las marcas que estas dejaban se parecían más a los cráteres lunares, por lo que llevaron al científico a la conclusión equivocada.
Curiosamente, y pese a que le acabara induciendo a error, la elección del material no fue nada desacertada: cuando el astronauta del 'Apollo 14' Edgard Mitchell vio la Luna, exclamó: "Parece que ha sido moldeada con yeso". De un modo u otro, el trabajo de Hooke sentó las bases sobre las que el problema seguiría debatiéndose hasta bien entrado el siglo XX, ya que las únicas opciones que se barajaron desde que se publicara este experimento fueron las dos que el inglés había propuesto como hipótesis: o impactos con meteoritos o actividad volcánica.
Más de dos siglos después de los pioneros experimentos de Hooke, Gilbert, cuyas investigaciones pasaron desapercibidas en un primer momento, llegó a la conclusión de que los meteoritos eran los responsables no sólo de los cráteres, sino también de las regiones lunares denominadas mares.
En efecto, tal y como confirmarían después sobre el terreno los astronautas y científicos del programa Apollo, se trata de valles generados por grandes colisiones. El informe de Gilbert, titulado 'The Moon’s Face, A Study of the Origin of its Features' (La cara de la Luna, un estudio del origen de sus rasgos), incluía un dibujo del cráter Clavius, donde se mostraba cómo cráteres más jóvenes y pequeños habían aparecido sobre la depresión original. Si podía haber varios cráteres dentro de otro cráter mayor, estaba claro que no podía tratarse de aperturas volcánicas, sino de sucesivos impactos de metoros de distinto tamaño.
Poco a poco, se iba arrojando algo de luz sobre los misterios del satélite terrestre, aunque las mayores sorpresas estaban aún por llegar. Mientras Gilbert y otros pocos enamorados de la Luna proseguían en silencio con sus estudios, algunos empezaron ya a soñar con estruendosos cohetes capaces de surcar los cielos. La antiquísima relación de nuestra especie con el espacio exterior estaba a punto de cambiar para siempre
ASTRONOMÍA | Delta Acuáridas

Fin de semana para contemplar la lluvia de estrellas

Una de las lluvias de estrellas más famosas del verano, Delta Acuáridas, se podrá contemplar estos últimos días del mes, a partir de este fin de semana, con un máxima frecuencia que se dará alrededor del 30 de julio.
Ni prismáticos, ni telescopios, simplemente hace falta alejarse del centro urbano y situarse en un espacio oscuro y con gran campo de visión del cielo.
"Los prismáticos sólo son necesarios si la lluvia de estrellas dejara una estela permanente, pero estos instrumentos reducen el campo de visión y se busca precisamente lo contrario", ha explicado a EFE el monitor de astronomía del planetario de Madrid, Gustavo Martínez.
"Este año tenemos luna menguante que significa que puede eclipsar con su luz y provocar que se vea menos", ha agregado Martínez.
El investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía, Pablo Santos, ha detallado que este fin de semana se estima que se registrarán 20 o 30 meteoros por hora.
"Igual esta lluvia decepciona un poco porque la fase de la luna es bastante grande, el cielo puede estar demasiado lumínico y dificultar el brillo de los meteoros", según este experto.
No obstante, ha recordado que en la lluvia de estrellas que tendrá lugar entre el 11 y 12 de agosto, las denominadas Perseidas, también se podrán contemplar aún las Delta Acuáridas.
En la lluvia de meteoros, las partículas, que proceden de un cuerpo externo o de cometas y que en su recorrido por el sistema solar van dejando restos, son "atropelladas" por la Tierra y esto produce la conocida como lluvia de estrellas.
Estas partículas son de un tamaño milimétrico y entran a una "velocidad asombrosa de miles de kilómetros por hora", ha relatado Martínez.
"Las Delta Acuáridas están relacionadas con el cometa 96P Machholz, un cuerpo helado que gira alrededor del Sol y cuando se acerca al él pierde materia, que para ejemplificar sería como cuando se abre la puerta del frigorífico en verano y sale una estela de hielo", ha aclarado Santos.
Desde el Instituto Geográfico Nacional se señala que el máximo de esta lluvia de meteoros se dará alrededor del próximo martes.

miércoles, 24 de julio de 2013

CIENCIA

La belleza de dos erupciones solares simultáneas

Las erupciones solares, captadas por el observatorio de la ESA
Las erupciones solares, captadas por el observatorio de la ESA ESA/NASA
El Observatorio Solar y Heliosférico de la ESA/NASA, bautizado como SOHO, ha capturado cómo se producían dos erupciones solares simultáneas. Las dos erupciones fueron eyecciones de masa coronal, o CMEs, inmensas nubes de plasma magnetizado expulsadas por la atmósfera del Sol - la corona - hacia el espacio interplanetario.
Las CMEs contienen millones de toneladas de gas y se alejan del Sol a varios millones de kilómetros por hora, según informa la Agencia Espacial Europea (ESA) en un comunicado.
En este vídeo se puede ver cómo una pequeña CME emerge lentamente de la parte superior del disco solar, desde el punto de vista de SOHO. Poco después, se produce una segunda erupción a la izquierda, mucho más grande y rápida.
La segunda erupción pudo estar desencadenada por un filamento solar que se volvió inestable, alejándose del Sol. Los filamentos se forman en bucles magnéticos y suspenden columnas de gas denso y frío sobre la superficie del Sol.
Vistos desde arriba, los filamentos parecen líneas oscuras recortadas sobre la superficie solar, mucho más caliente, pero de perfil forman bucles gigantes conocidos como protuberancias. Cuando sus campos magnéticos se vuelven inestables, pueden desencadenar erupciones o CMEs.
Ninguna de estas dos erupciones alcanzó la Tierra, pero cuando lo hacen, incluso cuando pasan rozando el campo magnético de nuestro planeta, pueden desencadenar impresionantes espectáculos de luces sobre los polos - las auroras.