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domingo, 26 de mayo de 2013

Heynckes, otro adiós con una Champions

Día 26/05/2013 - 09.48h

Se despide del Bayern de Múnich ganando la Liga de Campeones, algo que ya le ocurrió con el Madrid en 1998

Jupp Heynckes se queda sin trabajo después de ganar, como poco, la Bundesliga y la Liga de Campeones. Podría lograr el triplete si la semana que viene logra la Copa alemana precisamente ante el Borussia de Dortmund, el que se supone que será el último partido de su carrera. Campeón de Europa y despedido, idéntica la escena a la de 1998cuando logró la séptima Copa de Europa del Real Madrid. El Bayern prescindió de él en enero y le suplirá Pep Guardiola.
Es el premio a un hombre de fútbol, a un entrenador que se ha ganado el respeto de todos después de una temporada fantástica. El Bayern ha sido el equipo que mejor ha jugado en el continente y ha barrido en Alemania, campeón con muchísimo margen. Además, los números se corresponden con las formas, el sello de Heynckes siempre presente.
Tiene 68 años y dos Copas de Europa. En 1998, en ese Madrid repleto de estrellas, rescató la historia del club blanco con aquel triunfo en Ámsterdam ante el Juventus, 1-0 con gol de Mijatovic. Ese Madrid se impuso en Europa desde la autogestión, Heynckes ya estaba descartado.
Ahora deja el Bayern en la cumbre, deja un listón altísimo a Pep Guardiola. Los dirigentes del Bayern vieron la oportunidad y sedujeron al catalán en aquella reunión de Nueva York. Guardiola negó en la entrega del Balón de Oro que tuviera equipo, pero ya había firmado en Navidad con el conjunto alemán.
Heynckes está en el mercado y muchos le apuntan como alternativa si el Real Madrid no ficha finalmente a Carlo Ancelotti. Sin embargo, el veterano técnico alemán dijo que hasta aquí llegaba su carrera, que después de esta temporada dejaba la pizarra y se jubilaría. Y lo hace forzado porque el Bayern, como el Madrid de entonces, le cierra la puerta después de tocar el cielo.

Final de la Champions: El Bayern impone su mayor peso

Día 26/05/2013 - 09.46h

Gran final jugada entre la valentía y origen del Borussia y un Bayern que supo inclinar la balanza haciendo valer sus individualidades

Borussia
1
Bayern
2
Bella final, muy bella, de esas que da gusto ver, por estilo de juego, por poderío, por talento y fuerza. Pero sobre todo por el Borussia Dortmund, que tiene un halo de equipo poético, ese halo impuesto por su entrenador, Jurgen Klopp, que es un valiente de los que ya no quedan. Algún mandatario le ha calificado de entrenador de niños, dudando de que pudiera calar en un conjunto de figuras. Quizás, pero lo que se ve, lo que se palpa es que confiere a este equipo un arrojo y audacia envidiable. «Salgan y jueguen, diviértanse, esto es fútbol» parece decirles a sus jugadores.
Y así sale el Borussia, con todas sus lineas adelantadas, arriesgando lo indecible porque cuando se supera sus líneas de presión la desnudez que deja atrás le crea enormes problemas, mucho más ante un Bayern que tiene bombas nucleares arriba.
Pues aún así, el Borussia se fue arriba con todo, encerró al Bayern y los de Heynckes se salvaron en primera instancia porque Neuer es muy bueno y porque Javi Martínez restó una cantidad de peligro tremendo a su propia portería. Todo fue de Gundogan en este primer tramo. Se plantó en el medio, robó y distribuyó. A su latido de corazón entraron todos los demás, el talentoso Reus, el peligrosísimo Lewandowski (cómo ha crecido el polaco), la ardilla Kuba, los laterales, que eran puñales en los costados del Bayern.
Era imposible que los de Klopp aguantasen ese alto ritmo. Cuando respiraron, el Bayern lo intentó, y llegó con facilidad porque tiene jugadores de altísimo nivel, el equipo top de Europa, con figuras de relumbrón y mucho dinero en cada una de sus líneas.

El enigma Robben

Afortunadamente para el Borussia, las ocasiones de su rival acabaron en las botas de Robben, que ya sabemos lo que es, ve a un portero delante y le parece el Himalaya entero, que no ve un hueco aunque tenga enfrente el Cañón del Colorado. Las tres que tuvo las perdió, como casi siempre, así que lo mismo que antes se salvó el Bayern, luego se salvó el Borussia en un duelo frenético, pleno de nervio y pujanza. Al ritmo que marcó Javi Martínez, espléndido en el corte y en la salida de balón, el Bayern se fue recuperando, buscó a Muller y Mandzukic y tuvo sus buenas ocasiones. Pero no hubiera sido justo porque ese empeño heroico del Borussia no merecía un gol en una jugada de estrategia, verdadero handicap de las abejas de Klopp, tan echados para adelante a pecho descubierto y con el coraje por bandera.
La épica se apoderó del partido en la segunda mitad. Marcó el Bayern en una gran combinación Ribery-Robben rematada por Mandzukic y el Borussia no dudó. Se fue arriba con toda la colmena, picando por todos lados hasta que Dante cometió una pifia que debería haberle costado la roja (Rizzoli siempre con los grandes). El penalti lo marcó Gundogan y el choque volvió a empezar mientras el espectador se frotaba las manos buscando una prórroga que prolongase la delicia de fútbol que se estaba viendo.
A medida que avanzaba el partido, el Borussia, asfixiado, se fue cayendo con todo el equipo. Ya no había tanta presión y la mayor calidad individual del Bayern fue imponiéndose poco a poco. Cada euro gastado en las figuras de los muniqueses fue pesando cada vez más en el duelo.
El encuentro iba al tiempo extra con el Borussia pidiendo la hora porque su gente estaba tiesa como la mojama y, lo que es el fútbol, el más errático en las finales, el que siempre falla en los mano a mano, el gafe de siempre, Arjen Robben, cazó un balón muerto, cedido por la galantería de la zaga amarilla, y se fue como una flecha para sentenciar la final y dar la quinta Champions al Bayern. Cualquiera pudo ganar, pero lo hizo el más poderoso.

Ficha técnica