Enfermedad de Alzheimer
Es la principal causa de la demencia y una de las patologías más temidas por las sociedades avanzadas. La enfermedad de Alzheimer tiene en la pérdida de memoria uno de sus primeros síntomas, al que se añaden, a medida que la patología avanza, los problemas de lenguaje, los emocionales y los perceptivos.
Menciona enfermedad de Alzheimer y la mayoría de la gente pensará en seres humanos desprovistos de memoria, aislados de sí mismos y del mundo que les rodea, en un deterioro progresivo e irremediable. Pocos se informan en cambio acerca del proceso que conduce a dicha enfermedad, principal causa de demencia y una de las patologías más temidas en las sociedades avanzadas, cada vez más longevas. No es de extrañar: a partir de los 65 años, el riesgo de Alzheimer se duplica cada cinco años. Incluso hay autores que afirman que una de cada dos personas mayores de 80 años padece Alzheimer incipiente o ya declarado.
Aunque aún no se conoce bien la génesis de la enfermedad de Alzheimer, se sabe que es una afección cerebral progresiva, que conlleva daño y muerte neuronal.
Un cerebro sano tiene miles de millones de neuronas que envían y reciben constantemente señales eléctricas y químicas. Esas señales nos permiten pensar, recordar, sentir... Sustancias químicas llamadas neurotransmisores ayudan a que dichas señales fluyan sin problemas de unas neuronas a otras.
En los primeros momentos de la enfermedad de Alzheimer, neuronas de ciertas regiones cerebrales comienzan a morir. Como consecuencia, se producen menores niveles de neurotransmisores, lo que genera más problemas de comunicación en el cerebro.
Todos esos cambios, tanto estructurales como químicos, parecen desconectar áreas del cerebro que normalmente trabajan juntas. La consecuencia son los muchos síntomas de la enfermedad, que afectan a la memoria, el pensamiento, la conducta, la percepción del tiempo y el espacio... Por lo general, ese proceso no ocurre de un día para otro.
¿Qué síntomas se asocian a la enfermedad?
Aunque existen casos de Alzheimer de inicio temprano (antes de los 60 años) que progresan rápidamente, en la mayoría de los pacientes los síntomas se evidencian a lo largo de varios años. De hecho, al principio, pueden pasar desapercibidos. A veces, sólo mirando hacia atrás pueden los Familiares del enfermo entrever cuándo se iniciaron.
Los síntomas más comunes de enfermo de Alzheimer son:
• Pérdida de memoria y de capacidad de aprendizaje. Tiene problemas para recordar cosas o para aprender y memorizar nueva información. En los últimos estadíos, se produce una pérdida de memoria de largo plazo, lo que impide recordar datos concernientes a la propia persona, como el lugar de nacimiento, la profesión, los nombres de los hijos o la pareja...
• Desorientación y confusión. Puede perderse si sale solo/a o no saber dónde está o cómo ha llegado hasta allí. Igualmente, puede no reconocer caras, lugares o situaciones antes muy familiares. También, puede no saber en qué hora ni día vive ni cuántos años tiene.
• Extravíos. Puede olvidar dónde deja cosas de uso cotidiano, como las llaves, las gafas, los audífonos... Deja cosas en sitios extraños, como las gafas en la nevera o el pan en el armario ropero.
• Incapacidad para el pensamiento abstracto. Puede tener problemas para realizar tareas mentales tan sencillas como revisar las cuentas de la compra o interpretar los precios. Incluso pueden olvidar lo que significan los números y lo que hay que hacer con ellos.
• Problemas para realizar tareas habituales. Es cada vez menos capaz de realizar tareas cotidianas como peinarse, comer, preparar alimentos, atarse los botones de la chaqueta, vestirse, conducir... También pierde capacidad para planificar el trabajo diario.
• Cambios en el comportamiento y la personalidad. Puede volverse irritable, inquieto/a o bien apático/a. Puede desarrollar confusión, desconfianza y, en estadios avanzados, paranoia, alucinaciones, manía persecutoria, convicciones erróneas (como la de que le han robado objetos)...
• Pérdida de capacidad de juicio. Puede salir de casa sin zapatos en un día de nieve, llevar un gorro de baño a la iglesia o bien irse a la tienda en pijama o camisón.
• Incapacidad para seguir indicaciones o direcciones. Tiene cada vez más dificultades para comprender indicaciones o direcciones sencillas. Puede perderse fácilmente, incluso en lugares familiares, y seguir caminando sin rumbo.
• Problemas de lenguaje y comunicación. Puede no recordar nombres de personas u objetos familiares (incluso el de una cuchara o una silla), y tener problemas para expresarse y comprender el significado de palabras comunes.
• Pérdida de capacidades visuales y espaciales. Pierde capacidad para juzgar tamaños y formas, la relación de los objetos en el espacio, ordenar objetos o colocar cosas en su sitio...
• Pérdida de motivación e iniciativa. Desarrolla pasividad y pierde interés y capacidad para interactuar con otras personas.
• Pérdida de los patrones habituales de sueño. Puede comenzar a dormir durante las horas del día y permanecer totalmente despierto toda la noche, deambulando.
• Pérdida del control de esfínteres y dependencia total. Se produce en estadíos avanzados de la enfermedad. Al final, el paciente está tan débil, que se vuelve totalmente dependiente de su cuidador.
¿Cómo se diagnostica?
• Si observas alguno de los síntomas citados en un familiar o persona cercana, debes conseguir una cita con el médico cuando antes, para que éste valore el caso y sea posible actuar en consecuencia. Hay algunas patologías y problemas (como depresión, lesiones en la cabeza, desequilibrios químicos, déficits nutricionales, efectos secundarios de algunos medicamentos) capaces de producir síntomas parecidos a los de la enfermedad de Alzheimer.
• Solo tras un riguroso examen médico, psiquiátrico y neurológico (que puede incluir pruebas de escáner y resonancia magnética, capaces de descartar otras causas de deterioro cerebral y detectar alteraciones concretas) estará el médico en situación de emitir un diagnóstico. Por supuesto, valorará todas las posibles causas de demencia, antes de emitir un diagnóstico.
• Lamentablemente, no existen aún pruebas ni tests definitivos para el diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer. De hecho, el diagnóstico definitivo solo es posible tras la muerte del afectado/a, cuando es posible examinar el cerebro y ver si existen las alteraciones cerebrales asociadas con la enfermedad de Alzheimer.
¿Quién puede desarrollar la enfermedad?
Todos los seres humanos podemos desarrollar Alzheimer. Sin embargo, hay factores que aumentan las probabilidades.
Edad. Cuantos más años tengamos, mayor riesgo tenemos de desarrollar Alzheimer.
Historial familiar. Si nuestros padres o hermanos tienen Alzheimer o fallecieron por esa causa, nuestro riesgo personal de desarrollar la enfermedad aumenta. Ese riesgo depende también de cuántos miembros de la familia se han visto afectados.
Factores genéticos. Algunos factores genéticos (heredados) pueden aumentar el riesgo de desarrollar Alzheimer.
Tener hipertensión arterial no tratada.
Haber sufrido traumatismos craneales.
Tener niveles altos de homocisteína (una sustancia química que aumenta el riesgo cardiovascular y de depresión).
¿Qué pronóstico tiene?
La enfermedad de Alzheimer es irreversible. Una vez emitido el diagnóstico, la función mental decae a lo largo de varios años (entre 3 y 20, aunque la media es 10), hasta que finalmente se produce la muerte. Actualmente, los objetivos del tratamiento son:
Frenar el progreso de la enfermedad
Controlar los problemas de comportamiento, confusión y agitación del paciente
Mejorar el ambiente del hogar
Apoyar a familiares y otros cuidadores
¿Podemos prevenir la enfermedad de Alzheimer?
El Centro de Educación y Referencia sobre la Enfermedad de Alzheimer de los EE. UU. (ADEAR) publicó recientemente un estudio sobre las posibilidades de prevención de esta enfermedad. "No podemos modificar los genes causantes de la forma familiar de la enfermedad ni los genes que favorecen su aparición”, señalaban los expertos de ADEAR. “Tampoco podemos parar el tiempo para reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer, pero sí podemos modificar ciertos factores ambientales para que el proceso no se produzca o para que se retrase su aparición”, añadían. Con esa idea en mente, los expertos proponen los siguientes consejos:
• Aprende cosas nuevas. Una de las cosas más excitantes que han comprobado los neurólogos es que la capacidad para formar nuevas neuronas y nuevas conexiones entre ellas (lo que se conoce como plasticidad) puede perdurar toda la vida. ¿Cómo estimular la formación de nuevas neuronas y conexiones? “Si enseñas cosas nuevas a un cerebro viejo, tienes más oportunidades de mantenerlo activo y en perfecto uso hasta bien pasados los 90 años”, afirman expertos de la División de Neurociencia Cognitiva de la Universidad John´s Hopkins, centro de referencia mundial en envejecimiento cerebral. Aprender a tocar un instrumento musical o un idioma; asistir a clases de dibujo o de redacción; aprender mecánica, bricolaje, artes decorativas ... son algunas actividades interesantes que pueden ayudar a “renovar el cerebro”.
• Para cuidar la mente, cuida el corazón. La relación cerebro-corazón es tan estrecha, que los consejos que se dan para proteger la salud cardiovascular se aplican todos al cerebro. Esos consejos incluyen: 1) Controlar los niveles de colesterol LDL y de triglicéridos. 2) Evitar la diabetes y, si eres diabético, controlar rigurosamente los niveles de azúcar. 3) No fumar ni consumir drogas y no abusar del alcohol. 4) Evitar el exceso de peso. 5) Controlar la hipertensión. 6) Hacer ejercicio aeróbico un mínimo de 30 a 45 minutos, 3 ó 4 veces por semana. (No es necesario agotarse. De hecho, las opciones más recomendadas son los paseos a paso rápido, la bicicleta, el baile de salón, la natación y hasta la jardinería.)
• Haz gimnasia mental. Realizadas de forma habitual, algunas actividades mentales podrían asegurarnos una “reserva cognitiva” capaz de contrarrestar el deterioro. La lectura, resolver crucigramas, jugar al ajedrez o al mus, resolver puzzles... se asocian a menor riesgo de demencias. En concreto, un estudio de 20 años con más de 500 personas demostró que las que más practicaban ese tipo de actividades eran las que más protegidas estaban frente a ellas.
• Cultiva la amistad. Las personas que mantienen una extensa red de amigos y de relaciones sociales mantienen mejor sus capacidades mentales. Algunas de las actividades sociales que han demostrado eficacia son las de voluntariado; la pertenencia a asociaciones y clubs; la participación en actividades de mejora de la comunidad; colaborar con grupos de teatro, musicales, de lectura...
Tratamientos: en pos de la curación
La enfermedad de Alzheimer altera el cerebro de muchos modos. Uno de los cambios tiene como consecuencia una disminución de los niveles de acetilcolina, neurotransmisor que interviene en la memoria, el pensamiento, el juicio...
Los inhibidores de la colinesterasa son fármacos que mejoran la eficacia de la acetilcolina, tanto aumentando las cantidades de la misma en el cerebro como reforzando la respuesta a ella. Parecen funcionar mejor en estadíos tempranos e intermedios de la enfermedad de Alzheimer. Los tres tipos de inhibidores de colinesterasa más utilizados (donezepilo, galantamina y rivastigmina) parecen tener tasas de eficacia similares y efectos secundarios parecidos (náuseas, vómitos y diarrea).
Memantina es el primer fármaco aprobado para el tratamiento de enfermedad de Azlheimer en estadio moderado a severo. Funciona regulando la actividad del glutamato, un mensajero químico involucrado en el aprendizaje y la memoria. Su efecto secundario más común es la sensación de mareo.
Hasta que la ciencia descubra la curación del Alzheimer, frenar la progresión de la enfermedad es lo único que los fármacos pueden ofrecer. Sin embargo, incluso pequeñas mejoras en la capacidad cognitiva pueden prolongar la cantidad de tiempo de calidad que una persona con Alzheimer puede disfrutar con sus seres queridos.
Terapias naturales para el Alzheimer
Han demostrado eficacia los siguientes tratamientos:
Ginkgo biloba. El extracto de las hojas de ginkgo biloba es un tratamiento aprobado para las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer en Europa. El extracto de ginkgo puede mejorar la memoria y la calidad de vida, así como hacer más lento el avance de la enfermedad en los primeros estadíos.
Vitamina E. Varios estudios indican que grandes cantidades de vitamina E (2,000 UI diarias) podrían hacer más lento el progreso del Alzheimer.
Terapia lumínica (con luz intensa brillante, como la que se emplea en la depresión estacional). Ayuda a reducir el insomnio y evita los paseos nocturnos de los pacientes.
Terapia con música relajante. Ha demostrado capacidad para reducir la inquietud, mitigar la ansiedad y mejorar la conducta (se emplea en hospitales de todo el mundo con este fin).
Terapia con mascotas. La compañía de perros y gatos ayuda a relajar a los pacientes y mejora su conducta.
Masajes relajantes. Ayudan a controlar la irritabilidad y mejoran la interacción social.
Para saber más
Puedes consultar a:
Fundación Alzheimer España. Calle Pedro Muguruza, 1, 6C. 28036 MADRID.(España) Telfs.: 913-431-165 y 913-431-175. Fax: 913-595-450:
www.fundacionalzheimeresp.org
CEAFA: Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y otras Demencias. Calle Pedro Alcatarena nº 3 Bajo
31014 Pamplona (Navarra)
Tel: 902 17 45 17
Fax: 948 26 57 39
www.ceafa.org
E-mail: alzheimer@cin.es
www.plusesmas.com
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