La Iglesia Ortodoxa Rusa abre las puertas de su nuevo templo en Madrid
Día 02/06/2013 - 20.28h
El párroco Andréy Kórdochkin habla para ABC.es sobre lo que une y diferencia a ortodoxos y católicos, los retos que afrontan sus feligreses y las manifestaciones blasfemas de las Pussy Riot
Más de dos horas de pie en un espacio grande, pero en el que no cabía un alfiler. ABC.es asistió el pasado domingo a la Santa Misa que se celebró en el nuevo templo que la Iglesia Ortodoxa Rusa ha levantado en la madrileña Gran Vía de Hortaleza. El párroco de esta comunidad cristiana, Andréy Kórdochkin, abrió las puertas de la nueva «basílica» y habló para la web sobre lo que une y diferencia a ortodoxos y católicos, los retos que afrontan sus feligreses y las manifestaciones blasfemas de las feministas radicales Pussy Riot. [Galería de imágenes: Misa en el nuevo templo ortodoxo ruso de Madrid]
«Dábamos catequesis a los niños en la cocina y el salón de mi casa»
La comunidad ortodoxa rusa está repartida en España en 11 parroquias. Salvo la madrileña, ninguna tiene templo propio, por lo que alquilan locales o se reúnen en lugares cedidos por la Iglesia Católica. En Altea, Alicante, un empresario ruso construyó otra iglesia, aunque no es propiedad del Patriarcado de Moscú, sino del promotor. «De manera que este es el segundo templo ortodoxo ruso en España y en toda la Península Ibérica», explica Kórdochkin. Aunque lo parezca por sus dimensiones y belleza, el nuevo edificio no es una catedral, porque su obispo, Néstor de Korsun, no está en Madrid, sino en París.
La comunidad madrileña, que se formó hace 12 años, comenzó reuniéndose en la casa del sacerdote que precedió a Kórdochkin. Después en una capilla católica de la Ciudad Universitaria, y más adelante en un local que había sido frutería y locutorio. Este tenía una superficie de unos 40 metros cuadrados, por lo que muchos feligreses tenían que seguir las celebraciones desde la calle. Cuando llegó el padre Andréy, hace nueve años, la parroquia pasó a ocupar una carpintería. «¡Como la de San José!», añade. Fue entonces cuando se puso en marcha el plan para construir un templo. La compañía estatal Ferrocarriles Rusos financió gran parte del proyecto, para el que la española Talgo también hizo una donación importante. «Aunque se cree que los rusos son muy poderosos, e incluso mafiosos, esta parroquia es muy humilde. Los hombres trabajan, o trabajaban, en la construcción, y las mujeres en el servicio de limpieza o cuidando ancianos», asegura el sacerdote.
El nombre del templo también tiene su historia. «Desde 1761 hubo una capilla en la embajada rusa en Madrid que estaba dedicada a Santa María Magdalena. Cuando cerró sus puertas a finales del siglo XIX se mandaron sus iconos, entre ellos una imagen de la santa, a Argentina. Allí, en una parroquia ortodoxa de Rosario, localizamos la imagen y conseguimos traerla a la nueva iglesia», cuenta Kórdochkin.
Las puertas del espíritu
El edificio anexo a la iglesia alberga dos aulas donde dan catecismo los dos sacerdotes de la comunidad, el párroco y Andréy Borisiuk, ucraniano nieto de un «niño de la guerra» español exiliado en la URSS. «Antes, cuando estábamos en la carpintería, dábamos catequesis a los niños en mi casa, un grupo en la cocina y otro en el salón», recuerda Kórdochkin. Ahora, están intentando organizar clases de ruso, sobre todo para los más pequeños de la comunidad. Al párroco le preocupa mucho que puedan perder su lengua materna. «A veces, hay más interés en preservar el idioma de los niños en las familias de padres adoptivos que en las de padres rusos», lamenta.
«La cruz que está sobre el retablo y en la entrada del templo es la asturiana»
De hecho, el idioma en el que se canta la Misa en la iglesia de Santa María Magdalena no es ruso. Tampoco ucraniano ni ningún otro que hable comunidad humana alguna. «Es eslavo eclesiástico, una lengua creada para facilitar la traslación de los oficios en griego a los pueblos eslavos. No es como el latín para un español, porque un rusohablante va a entender bastante de lo que se dice en la ceremonia», cuenta el párroco.
Unidos durante el primer milenio
En el nuevo templo no hay confesionarios, porque los dos Andréy confiesan en pie. Tampoco hay bancos, porque la Santa Misa -de unas dos horas de duración- es también de pie. Además, durante la mayor parte de la celebración, el sacerdote da la espalda a los fieles, tal y como se hacia antiguamente en la Iglesia Católica. La liturgia ortodoxa -que es la de San Juan Crisóstomo, muy parecida a la hispano mozárabe- es una oración o cántico continuado. «No es una unión de fragmentos. En el rito católico es fácil saber cuándo empieza y cuando termina una celebración, en el ortodoxo no», explica Kórdochkin.
En la iglesia de Santa María Magdalena no sólo se emplea la cruz rusa de ocho puntas. «La que está sobre el retablo y en la entrada del templo es la asturiana», afirma el párroco. Los ortodoxos utilizan entre otros este viejo signo cristiano porque sienten como propios lossímbolos y santuarios españoles del primer milenio, esto es, del tiempo anterior a laseparación de Roma. «Por eso organizamos peregrinaciones a lugares como la catedral de Santiago de Compostela, templos prerrománicos o las iglesias mozárabes del siglo VII en Castilla y León», cuenta el sacerdote.
También veneran a los santos hispanos de entonces, como Santa Orosia, la patrona de origen eslavo de Jaca (Huesca). «De hecho, uno de los mejores viajes que hicimos fue a esta ciudad del Pirineo aragonés, donde visitamos la catedral, y a Yebra de Basa. Cerca de este pueblo hicimos una ruta entre montañas que va hasta el lugar donde los musulmanes mutilaron y decapitaron a la santa por no querer renunciar a Cristo, y nos pilló una tormenta tan fuerte que nos tuvo que rescatar la Guardia Civil», recuerda riendo Kórdochkin.
Hermano católico
Al católico desinformado le chocará que el párroco de Santa María Magdalena esté casado y tenga una hija. «San Pablo decía que un obispo tenía que estar casado. Ahora, en la Iglesia Ortodoxa Rusa los obispos son monjes, y la mayor parte del clero parroquial está casado, pero sólo puedes casarse antes de ser ordenado sacerdote, no después», explica Kórdochkin. De todos modos, aunque existan algunas diferencias formales entre Roma y los patriarcados, ambas partes están de acuerdo en lo fundamental. «Reconocemos los sacramentos de laIglesia Católica y ella reconoce los nuestros [por ejemplo, si alguien cambia de iglesia no es bautizado de nuevo], pero no practicamos concelebraciones ni la intercomunión», afirma. Los sacerdotes católicos tienen permitido dar la comunión a los fieles ortodoxos, «pero nosotros no damos sacramentos a quienes no son ortodoxos, somos muy duros con esto», reconoce.
«No damos sacramentos a quienes no son ortodoxos, somos muy duros en esto»
Aún existe mucho resquemor, y desconocimiento, que es el origen del miedo. «Cuando oigo en Rusia a alguien hablar mal de los católicos siempre le pregunto, ¿a cuántos católicos, sacerdotes o monjes conoces tú en persona y no a través de los libros o de internet? Pero a nosotros aquí también nos pasó una vez algo parecido. En la catedral de Jacapreguntamos a un sacerdote si podíamos hacer una oración de cinco minutos, nos dijo que no, que la misa iba a comenzar en 15 minutos y que podíamos sentarnos y rezar en silencio. Lo hicimos, volvió y nos dijo que o nos quedábamos a oír misa o nos teníamos que marchar. Nos levantamos y cuando nos íbamos el cura le dijo a otro "son ortodoxos, hacen lo que quieren"», cuenta con pena Kórdochkin. «Era un señor muy mayor, y sólo nos ha pasado algo así en una ocasión», explica.
Aborto, matrinomio gay... y las Pussy Riot
En las cuestiones éticas importantes, el acuerdo entre católicos y ortodoxos es total. «En una sociedad libre todas las personas tienen derecho a vivir su vida según su fe, y todos los niños a vivir y a tener un padre y una madre», afirma Kórdochkin. «El laicismo quiere una sociedad tolerante con todo menos con la confesión de la fe. Corremos el peligro de que suceda ahora en Europa lo que ocurrió en la URSS, cuya constitución declaraba el derecho de todos los ciudadanos a practicar su religión o a no practicar ninguna, pero de hecho se persiguió cruelmente a los creyentes», denuncia el párroco.
«Para nosotros confesar la fe no es solamente cantar el credo, es también vivir según nuestra fe. Así, si un doctor rechaza practicar un abortotambién está confesando su fe. Desde el Imperio Romano, pasando por la Unión Soviética, los cristianos han estado siempre en peligro cuando el Estado se ha declarado autoridad suprema», sostiene Kórdochkin. Con todo, la persecución no viene sólo en forma de ley. Lasmanifestaciones blasfemas de las feministas radicales Pussy Riot también han atentado contra las creencias religiosas de muchos rusos ycristianos en general.
En opinión del párroco, quienes acusan a los ortodoxos de estar detrás del encarcelamiento de las jóvenes rockeras se equivocan. «Es injusto, es más probable que encuentre una pintada de "Free Pussy Riot" en nuestra iglesia que en ningún otro lugar, cuando quien las ha metido en prisión ha sido el Estado», protesta. Kórdochkin cree que estas chicas han sido manipuladas y teledirigidas por fuerzas políticas que no quieren dar la cara. «Muchas personas creyeron que las últimas elecciones al Parlamento ruso no fueron justas, y se quiso redirigir todo el descontento contra la Iglesia Ortodoxa Rusa», cree el párroco. Pero si fue eso lo que ocurrió, ¿a quién le interesaba convertir a la Iglesia en chivo expiatorio? «¡Piénsalo en casa!», concluye Kórdochkin.
Una historia espiritual rusa
G. LLONAMADRID
En Rusia los católicos no pueden construir nuevas iglesias, pero Andréy Kórdochkin asegura que, en este sentido, los ortodoxos sufren también muchas dificultades. «Recuperar los templos que han convertido en museos y tiendas ha sido y sigue siendo una guerra. Y cuando queremos construir una iglesia algunos protestan diciendo “¿dónde vamos a pasear a nuestros perros?”», denuncia. Con todo, hay personas que no llevaban una vida espiritual en Rusia y la han encontrado en España. De hecho, en opinión del párroco, el principal problema que tiene Rusia hoy es su identidad. «Allí, un 70% de la población dice ser ortodoxa, pero el porcentaje de los que aseguran creer en Dios es menor, lo que quiere decir que para muchos “ser ortodoxo” es sólo una manera de identificar su etnia o su cultura», explica.
Rusia ha recuperado los viejos símbolos zaristas, la bandera y el escudo, pero el sacerdote cree que «es un poco absurdo que en la Plaza Roja de Moscú se exhiban juntos el escudo de los Romanov y la momia de Lenin». En cualquier caso, el del regreso de los zares, tradicionalmente apoyado por la Iglesia Ortodoxa, parece un asunto cerrado. «Cuando va a Moscú S.A.I. la Gran Duquesa María Romanova [que vive en Madrid y forma parte del patronato del nuevo templo] el Patriarca la recibe como cabeza de la Casa Imperial rusa. Pero esta trabaja más por su país que por recuperar el trono de forma dramática», afirma Kórdochkin.
El párroco cree que en Rusia hace falta un debate sobre su historia del siglo XX. «Se está juzgando a criminales nazis, pero no se ha condenado a nadie por las atrocidades de las autoridades soviéticas. La persona que asesinó a tu abuelo ahora tiene su pensión y vive tranquila en su casita en las afueras de Moscú. Algunos dicen: “Es parte de nuestra historia, hay que tratarla con respeto, quiénes somos nosotros para juzgar, cada uno buscó lo mejor para su país…”, cosas así», protesta Kórdochkin. «Tienes monumentos de Lenin en todas las esquinas… ¿Pero cómo vamos a luchar contra el terrorismo si el terrorista número uno está momificado en la Plaza Roja?», se pregunta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario