El «Boss», en familia
MANUEL DE LA FUENTE / MADRID
Día 16/06/2013 - 11.00h
Se publica en España la primera biografía autorizada por el propio «Jefe» en persona
Son las once menos diez de la noche, esa hora en la que los conciertos de rock and roll ya suelen estar echando chispas en los garitos de medio mundo. Pero no corramos tanto, aún quedan cinco años para que la electricidad y la música se fundan porque estamos todavía en 1949, un 23 de septiembre. Con un pan y una guitarra Fender bajo el brazo llegaban a este mundo y al hospital Long Branch de Nueva Jersey los tres sanotes kilos de un bebé al que sus padres, Douglas y Adele, bautizarían católicamente unos días después como Bruce Frederick Springsteen Zerilli.
Douglas, un hombre atormentado, a menudo en paro y enganchado a un cigarro y a un pack de seis latas de cerveza, provenía de una familia, los Springsteen, que había echado pie en Norteamérica en 1652 con los pasos de un tal Joosten, que había emigrado al Nuevo Mundo desde Holanda. O se cambió el apellido que podría haber sido en holandés algo así como Verentiener, o decidió elegir ese sonoro y cristalino Springsteen. La saga se fue extendiendo por toda la zona de Nueva Jersey y hasta tuvo sus héroes, John Springsteen en la milicia del condado de Monmouth en la Guerra de la Independencia, y el condecorado soldado de la Unión Alexander Springsteen.
Los Zerilli venían de Italia y habían llegado a la isla de Ellis neoyorquina a principios del siglo XX. Una vez instalados en la Gran Manzana, las cosas no les fueron mal hasta que llegó el crack del 29. Anthony, el abuelo materno de Bruce, se arruinó y fue acusado de malversación de fondos.
Leyenda y presente del R'N'R
El 22 de febrero de 1947, Douglas Springsteen y Adele Zerilli pasaban por el altar. Año y medio después, llegaba al mundo el mismísimo «Boss», Bruce Springsteen leyenda y presente del rock and roll. Y si quieren saber dónde nació esa mágico apodo, «The Boss», «El Jefe», tan solo han de sumergirse en las quinientas páginas de «Bruce» (Libros Cúpula), la primera biografía autorizada por el propio músico, realizada por un auténtico experto, Peter Ames Carlin. Nunca nadie había llegado tan lejos como Carlin, gracias al exclusivo acceso que tuvo al entorno más cercano e íntimo del cantante.
Tanto familiares como amigos del cole y del barrio, colegas de las noches en los garitos de Nueva Jersey, y hasta incluso un expolicía del barrio que recuerda a aquel Springsteen melenudo, que se sentaba junto a los pandilleros cuando estos estaban de buenos humos, aunque eso, también se cuenta aquí, no era una especialidad del «Jefe», que fue siempre más bien un chico sanote. Un puñado de fotografías desconocidas, y en España una selección hecha por sus propios seguidore ilustran el volumen.
Recordamos con Peter y con Bruce su educación católica en el colegio de las hermanas de Santa Rosa de Lima, su infancia solitaria, su descubrimiento en la tele de Elvis mientras su padre despanzurraba latas de cerveza a oscuras en la cocina, su infancia siempre rodeado de sus extraños abuelos, la llegada de los Beatles a sus oídos en 1964 cuando en el coche de su madre escuchó I want to hold your hand y se paró en una cabina para contárselo a su novia, el dolor que sintió cuando el batería de su banda, The Castiles, Bart Haynes, moría en Vietnam y Bruce (cosa rara en él) se ponía a estudiar como un loco para ganarse una prórroga en el servicio militar...
El libro, para gozo de los aficionados, se centra en el período menos conocido del artista, entre su nacimiento en 1949 y la publicación de su primer disco de gran éxito, Born to run en 1975, y son infinidad las anécdotas y frases de Bruce, que ni siquiera deja de comentar sus errores y debilidades. El propio músico se lo dijo más o menos así al biógrafo: «No quiero una historia maquillada sino la cruda realidad, mostrar mi lado humano, carencias incluidas. Nada de endiosamientos ni imágenes mitificadas».
Sin embargo, además del hombre, también será el mito quien estará pronto entre nosotros, el 26 de junio en Gijón. Con su biografía y su Fender a cuestas, como «Boss» manda.
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