miércoles, 5 de junio de 2013


El ajo, medicina milenaria (1ª parte)


El ajo, medicina milenaria (1ª parte)

La historia del ajo ha sido siempre fascinante, respaldada por fobias y filias tanto de aquellos que lo odian y no creen en su valor culinario o cientifico, como las de otros entusiastas que lo aceptan sin pestañear. Los anglosajones como todos los pueblos que no incluyen ajo en su cocina tradicional, son muy críticos con su olor, y a veces aceptan que el ajo tiene valores como medicina, pero no como condimento, mientras la cocina mediterránea lo acepta e incluye en sus comidas desde hace mas de 6.000 años.
A pesar de su olor característico, “ que no abandona “, siempre fue muy apreciado por las clases trabajadoras poque consideraban que les ayudaba a soportar mejor los trabajos duros, e incluso se tiene conocimiento de la primera huelga de la historia, cuando los obreros de una piramide egipcia se rebelaron por no recibir cantidad suficiente de ajos y cebollas en su dieta cotidiana. Hoy sabemos científicamente algo que ya imaginaban los antigüos: el ajo aumenta la resistencia y capacidad de trabajo cuando se consume con frecuencia.
Los componentes del ajo son muchos, desde vitaminas A, grupo B y C, enzimas, sustancias con actividad hormonal masculina, femenina, saponinas, trazas de yodo y azufre hasta el que se considera el componente basico, una sustancia llamada Aliina, elemento azufrado responsable de buena parte de sus efectos medicinales, pero tambien de su inefable olor, que dió a conocer el doctor suizo Arthur Stoll, ganador del premio Nobel.
La aliina es el componente del que deriva una sustancia activa, la alicina, que frente a una enzima, la aliinasa, que contiene el propio ajo, se transforma en el ajo crudo en un componente benéfico para la salud, el disulfuro de alilo. Cuando comemos ajo crudo hay que distinguir entre el olor inicial que aparece en la boca y en el estómago, olor fuerte, y el característico que aparace despues de ser digerido y absorbido por el intestino, pasa a la sangre, desprendiendo el disulfuro de alilo a traves de los pulmones y la piel. Las conocidas capsulas de ajo, evitan el primer olor, pero no el segundo, lo que es buena señal de que sus componentes han llegado a su destino.
Los estudios que se presentaron en la Universidad libre de Berlin, se centraron en dos aspectos que ocuparan a los investigadores, el cancer y las enfermedades cardiovasculares, aunque otros como el aporte tónico para personas fatigadas o estresadas, o algunas enfermedades respiratorias, hemorroides, caida del cabello, depurativo, antiseptico y bactericida y vermífugo estan en el mundo de las recomendaciones. Unos cientificos de Texas han encontrado, datos que muestran al ajo como un elemento eficaz contra el desarrollo del cancer de esófago, colon, cancer de mama, piel y pulmon, trabajando con ratas, potenciando el sistema defensivo-inmunitario, que dispone de linfocitos B y T , macrogafos, anticuerpos,interferon etc. para combatir a virus, bacterias y hongos dañinos para nuestro organismo, previniendo dicen contra la formación de células cancerosas.
En estudios realizados por el equipo del Prof. Abdullah (Florida EE.UU) se observó que el ajo crudo estimulaba las celulas defensivas efecto que se pierde cuando el ajo se come frito, cocido ó hervido. En el simposium se citaron númerosos trabajos, publicados en revistas de prestigio en relación a cancer de vejiga y piel, el Prof. Gromwald anunció que en diciembre aparecerá un volumen que recopilara en inglés toda la información actual en relación al estudio del ajo, con más de 4.000 referencias.



El ajo, medicina milenaria (2ª parte)

El ajo, medicina milenaria (2ª parte)

Pero donde parece volcarse la investigación sobre el ajo es en su acción sobre el aparato circulatorio. La arteriosclerosis puede ser grave cuando afecta a las arterias del corazón o del cerebro, siendo las cardiopatías isquémicas y los trastornos cerebro vasculares resultantes las principales causas de mortalidad. La toma regular de ajo crudo o sus extractos constituye una medida preventiva y terapéutica sólida.
Estudios realizados por el Prof. H.A.W. Neil de la Universidad de Oxford, una administración regular de ajo en extracto reduce la tasa de accidentes cerebro vasculares en 40% y la de infarto de miocardio en un 25%, y otro estudio demostró que después de 16 semanas de tratamiento tomando polvo de ajo, el colesterol total se redujo en un 12%, y la concentración de triglicéridos hasta un 17% .
Y un paso más en la investigación, los expertos reunidos en Berlín llegaron a comparar el efecto antiesclerótico del ajo con el de la aspirina, y para el Prof. Kiesewetter, 900 mg. de polvo de ajo diarios a partir de la tercera semana son equivalentes a 300 mg. de aspirina. Aunque existen algunos resultados prometedores, parece que hay que seguir investigando sobre un condimento, o sustancia en el caso de los extractos, que goza de la confianza de los consumidores, y permite la automedicación
Para algunas culturas el “olor a ajo “no es más que “olor a ajo “, mientras otras lo identifican con “olor “, “con mal olor “y con “mal aliento “. La investigación ha resuelto “el problema “sintetizando el condimento en forma de pastillas. La capsula se diseñó para que su contenido en polvo de ajo se vaya liberando a lo largo del intestino y se forme el componente activo sin que se note el olor, y hoy uno de cada diez anglosajones, toman pastillas de ajo, pero no lo consumen en la comida. Los ingleses toleran el ajo como medicina, y no lo soportan en la cocina, y por ello, dicen los expertos que es más sencillo hacer estudios sobre el ajo en Gran Bretaña, donde no están “contaminados “por la comida con ajo.
Desde siempre, los entusiastas del ajo han buscado métodos para combatir el olor. En algunos países Mediterráneos se sirve, al final de la comida, trozos de regaliz, menta o clavos olorosos, aunque existen fórmulas más sencillas como masticar perejil ó apio fresco, ó enjuagarse la boca con agua y limón.Tambien una simple taza de café con leche, una manzana o una cucharadita de miel, contribuyen a combatir el mal aliento.
Si se desea utilizar el ajo con fines medicinales, la dosis media es de unos 4 gramos diarios, equivalentes a dos o tres dientes de ajo. “Mas ajo y menos botica”dice la Historia.  Ajo hervido, ajo perdido “, “Al que trabaja y anda desnudo, ajo y vino puro “, “Contra el olor, clorofila”, (en clara alusión al perejil y apio), dice el refranero popular.
Sus virtudes no llegan al chascarrillo que se cuenta de aquel alcalde de cierta localidad onubense, famosa por sus chistes, y hoy por sus cultivos de fresas que se exportan a toda Europa, que colocó ristras de ajos en las esquinas de las calles de su pueblo para solucionar el problema del tráfico, tras enterarse que favorecían la circulación.

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