Diez chucherías de la EGB
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Día 16/06/2013 - 16.03h
Javi Nieves, presentador de «La Mañana» de COPE, recopila los recuerdos de la niñez en el libro «Generación EGB»
1Los chicles
La guapa de «Verano Azul» puso de moda hacer globos enormes y «Bang Bang» se forró. Por eso, y porque nos tirábamos horas mascando y aquello seguía sabiendo a fresa, o a menta. También estaban los «Boomer», los de aquel superhéroe elástico, los «Bazooka», tan duros como una castaña pilonga, los «Cheiw Junior»… ¡Tenían que ser Cheiw! En barra estaba el «Tico Tico» de sandía, y en pequeñas dosis las bolsas de pepitas de oro de «Gold Nugget», que se nos metían entre las muelas. Y para el final feliz hemos dejado el «Cosmos», que era negro y sabía a regaliz.
2Los que llevaban palo
Cuando nos quedaba ya poca paga recurríamos a los Chupa Chups de fresa de Kojak rellenos de chicle. Era como comprar dos golosinas por una. También estaban los de Fiesta, de múltiples sabores, y las piruletas de fresa ya fueran redondas o con forma de corazón. Y llegamos a los caramelos musicales. El «Pitagol», que tenía la punta con forma de silbato ¡que pitaba! Claro que duraba cinco minutos. Los «Melody Pops» funcionaban igual, pero podíamos tocar varias notas musicales con aquel palito que subía y bajaba.
3Las gominolas y otros dulces
El icono por excelencia son los ositos, pero la oferta era ilimitada:botellas de coca-cola, serpientes traslúcidas de dos colores, jamones, moran grandes y pequeñas, rojas y negras, habas mágicas… Además, nos pirraban las barras de gelatina y, por supuesto, las nubes. ¿A que probaste a quemarlas?
4Los polos y los helados
Llegaba el verano y los quioscos de helados brotaban como setas. Después de casi un año de impaciente espera, repasábamos el tablón una y otra vez y no sabíamos por cuál decidirnos. Los «Drácula» nos encantaban o los odiábamos, pero aquella cubierta de cola con interior de fresa y base de cremosa vainilla no dejaba indiferente a nadie.
Algo parecido sucedía con los «ColaJet», esa mezcla de polo de limón y cola con una envoltura de chocolate. Después llegó el «Frigodedo», que abrió el camino al «Frigopie». El «Fantasmicos», el «Twistter»… Con los «Calippo», de fresa o lima, llegó la revolución, y la competencia no tardó en reaccionar con el «Pirulo».
5Las de chocolate
Lacasitos, conguitos… y cigarrillos de chocolate que venían en cajetillas que imitaban a las de verdad. Ahora se iría a la cárcel por venderlos, y con razón: aquel papel no había manera de despegarlo y al final o nos lo tragábamos o teníamos que tirar el cigarro. Y eso nunca
6Las que venían en bolsas
Los gusanitos de maíz, las pipas y aquellos kikos duros como pidras de «Churruca» fueron una de nuestras primeras chuches. Después llegaron los «Triskys», los fritos, las cortezas «Bocabits», los «Doritos», las pajitas de ketchup… y el peor invento del siglo, laspatatas fritas light. Y que sigan diciendo que eso son patatas…
7Los caramelos
En la categoría de «blandos» los reyes siempre han sido los «Sugus», tan pegajosos… Nos tirábamos a los de fresa o de piña, los del papel azul, y pasábamos de los de limón o naranja. Los «Palotes» eran como un «Sugus» gigante en barra.
En duros y por encima de los cuba-libre de «Pinedo», encabezaban la lista los «Drácula», que nos dejaban la lengua como si le hubiéramos dado un chupito a la mercromina. Los de melón no cuajaron. También nos pintábamos de rojo con los pintalabios de caramelo… y con los pirulís, que a base de chuparlos se acabaron convirtiendo en armas punzantes que hacían estragos en nuestras encías.
8Los regalices
El abanico era amplio: en barras trenzadas o en discos espirales, rojo o negro… O el de Zara, una barra dura envuelta en celofán. ¿Te acabaste alguno?
9Los picapica
¿Quién no recuerda aquel sobrecito blanco relleno de «granulado efervescente» de «Sidral»? También nos gustaban otros sobres, más grandes, los «Fresquitos», que incluían un dedo de caramelo para pringarlo en el picapica. Así evitábamos que nuestras madres tuvieran que limpiarnos las manos con saliva.
10Los Peta Zetas
¿Qué demonios sería aquello que chispeaba y explotaba en nuestra boca? Solo sabemos que causaba adición y no teníamos hartura. Nos podíamos comer tres bolsas de una sentada y aún queríamos más.
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