viernes, 19 de abril de 2013



«El quirófano no cambia la imagen de uno mismo»

PILAR QUIJADA

Última revisión viernes 19 de abril de 2013







«El quirófano no cambia la imagen de uno mismo»
Iba para cirujano pero una clase de filosofía de la psicología cambio su rumbo hacia la psiquiatría. «Además, tuve la suerte de conocer al doctor Vallejo-Nájera y me influyeron su sabiduría y sus libros». Asegura Jesús de la Gándara que es un psiquiatra atípico «porque me he dedicado a la cultura y a escribir. Mi trabajo ahora es administrativo, dirijo un servicio de psiquiatría muy grande, aunque un día por semana paso consulta».

-¿Qué es el síndrome del espejo, del que habla en su último libro?

No es una enfermedad, pero engloba una gran cantidad de sufrimiento, de preocupaciones y enfermedades de los seres humanos, y especialmente de los modernos, que disponemos de tantos espejos reales y virtuales. Engloba sufrimientos derivados de la mala relación entre el ser humano y su imagen. Imagen física, que conlleva una cierta imagen psíquica. Cuando juzgamos lo físico juzgamos nuestra parte psíquica.

-¿Los espejos devuelven una imagen fiel?

Siempre engañan al cerebro y nos devuelven una imagen que no es real, una imagen contraria, donde la mano derecha aparece como la izquierda. Todo aparece al revés. El espejo engaña porque lo que vemos en nuestra imagen es un doble de nosotros mismos, al que reconocemos porque lo hemos aprendido a lo largo de la vida. Es otra persona a la que juzgas, ves y contemplas y con el que te puedes relacionar. Si lo haces bien estupendo, si no, tienes el síndrome del espejo.

-Asegura que estamos rodeados de espejos virtuales, que nos imponen modas y nos causan insatisfacción...
No solo hay espejos de azogue, como antes. Ahora estamos rodeados de pantallas que proyectan imágenes de seres humanos que podemos juzgar, admirar, a los que queremos parecernos... La admiración y la curiosidad van unidas en el cerebro, tienen que ver con el neurotransmisor dopamina y van por el sistema de recompensa. Una de las palabras que derivan de «espec», de donde provieneespeculum, espejo, también es inspector. El que se mira al espejo es un inspector de sí mismo. Una palabra que tiene una connotación negativa.

-¿Qué patologías se gestan en el espejo?
Las más importantes son las que tienen que ver con la aprobación de la imagen que se tiene de uno mismo o con la distorsión, es decir, la diferencia entre la imagen que uno tiene de si mismo y la que proyecta el espejo y juzgamos. El espejo o los múltiples espejos, porque cuando vemos una revista de moda nos estamos viendo a nosotros mismos, estamos siendo deseantes de eso. Muchas personas llegan diciéndome que tiene un problema de autoimagen: anoréxicas, bulímicas, con obesidad, trastornos por somatización, control de impulsos, dismorfofóbicos (que no les gusta su imagen), depresivos (que odian su imagen). Lo tienen incontables personas

-¿Las patologías del espejo se solucionan pasando por el quirófano?
No. El quirófano no cambia la imagen que uno tiene de si mismo, porque esa imagen está en el cerebro, es un engrama, una fijación adquirida a lo largo de la vida, primero aprendiendo a reconocerse y a conocerse después. Y luego a juzgarse y aprobarse.

-¿Cómo nos curamos de este síndrome, con pastillas o cambiando la forma de pensar?
Cambiando de forma de pensar, aunque a veces hay que tomar pastillas. Aprendiendo a gestionar una buena relación con la imagen, reflexionando de forma inteligente y bondadosa con uno mismo. Para eso podemos utilizar las neuronas espejo, que nos ayudan a ponernos en el lugar de los otros, y ser empáticos. Eso hay que aplicarlo con nosotros mismos también. Pero la compasión no es pasividad, es trabajo. La autoestima y el autocontrol tampoco. Siempre son autoexigentes.

-¿La autoestima de las personas con síndrome del espejo está en manos de los demás?
Sí y para internalizarla hay que aprender a fiarse de uno mismo, de nuestros propios juicios, y comprobar que esa guía interna produce placer. Si eres el dueño de tus actos significa que das importancia a lo que haces. Estos son también los criterios para hacerse resistente al estrés. El compromiso contigo mismo y el trabajo duro. En segundo lugar hay que plantearse retos, aprender cosas nuevas. Y en tercer lugar, dar significación a lo que hacemos, porque tiene un valor, ya sea una nimiedad o un trabajo de premio Nobel. Todos hacemos cosas significativas para nosotros mismos y para los demás. Hay que darlas importancia y trascendencia, futuro. Proyectar la vida hacia el futuro nos hace más resistentes. Si esto se cultiva, después se recogen los frutos.


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