La historia común espera a ser descubierta bajo los siete mares
Día 16/03/2013 - 13.39h
110 motivos para admirar a España: el patrimonio sumergido, una oportunidad para honrar lo mejor de nosotros mismos
ABC
Los barcos que atravesaron el Atlántico desde finales del XVllevaban mucho más que hombres de armas y pertrechos, más que mercaderías y religión. Con ellos viajaban la voluntad de romper los límites conocidos y una visión de la existencia, como bien escribiría un venezolano, Arturo Uslar Pietri, en su ensayo «La frontera española en el reino de la muerte». Desde la península ibérica partieron las naves que por primera vez circunnavegaron el mundo. España y Portugal, unidas unas veces, enfrentadas otras, pusieron las bases de un intercambio que cambiaría la historia.
Miles de aquellas naves naufragaron, hundidas por violentos huracanes, golpes contra arrecifes, batallas a boca de fuego artillado y ataques de piratas, fundamentalmente. Y cada naufragio sumergió un pedazo de la gran historia común, al llevarse al fondo del mar, cada navío, centenares de vidas, sueños y también enseres, objetos personales, amuletos secretos, mapas y cartas de amor, astrolabios y rezos ahogados para siempre. Los siglos bajo el mar han mecido en el silencio todo aquello, en el olvido casi poético delcementerio marino, y ya solo podemos recordar que los formidables navíos de la Carrera de Indias, o el galeón de Manila, acarreaban el oro a raudales que la Corte española derramaba después por toda Europa, tanto en comercio como en guerras... Es historia.
Como naves espaciales
Lo extraño es que los buques naufragados solo podrían ser comparados con las naves espaciales perdidas en algún lejano confín. Y si en un futuro remoto alguien se acercase a recuperar los vehículos que atravesaron fronteras antes inalcanzables, no parece que la perspectiva crematística sea la más apropiada; no debería permitirse que alguien destruyera una nave para extraer cargas preciosas ni en ese futuro ni en el pasado...
El día que algo cambió
Todo cambió un día de mayo de 2007. La noticia de que una empresa de cazatesoros como Odyssey Marine Exploration había expoliado y cargado en dos aviones las monedas de un buque español nos quitó el velo de los ojos. Indignados, supimos que la empresa contaba con permisos y que España, gracias a la imprudencia de varios gobiernos centrales y autonómicos, había tolerado sus operaciones en el Estrecho durante más de 6 años. Expoliaron probablemente más barcos en ese tiempo. Pero planteamos y ganamos el litigio consiguiente y al menos la carga de la fragata «Mercedes»regresó.
Algunas cosas, sí. España aprobó la Convención de la Unesco, un texto que es la referencia mundial para proteger este patrimonio que hoy está en peligro, que cuenta con el refrendo de 42 países (aunque no EE.UU. ni Gran Bretaña) y que Francia se dispone a firmar. Su firma es importante porque se trata de una potencia histórica con un gran patrimonio sumergido.
Lista de Patrimonio de la Humanidad
Pero más allá de nuestras fronteras, desde la plataforma de la Convención de la Unesco, y después de derrotar a Odyssey en EE.UU.,España debería liderar acciones encaminadas a que el patrimonio sumergido se ponga al servicio de la Humanidad. Y debe cimentar las bases de una política común de protección del patrimonio que Iberoamércia comparte con nosotros bajo los mares de todo el mundo. Si unimos fuerzas con América lograremos que entre en la lista del patrimonio mundial, con apoyo de la UNESCO, y seremosdignos sucesores de aquellos que navegaron de uno a otro confín, dignos de su historia, decididos a recuperarla juntos.
Pecios de una política
Después del caso Odyssey hubo un Plan Nacional de Arqueología Subacuática y un Libro Verde que hoy se antojan casi pecios de una política que no supo sostener su legítima ambición. Lo mismo que el convenio Cultura-Defensa, hoy abarloado. Y los convenios con las distintas comunidades autónomas tampoco han cambiado aún el rostro de la arqueología española. Quizá nos falta encontrar el camino. Nos falta una estrategia integral, abierta a la iniciativa de la sociedad civil, con la mano tendida hacia la Armada, sobre todo en tiempos tan austeros para el gasto público.
Es hora de ideas y políticas. El expolio no cesará si no excavamos nosotros, si no activamos nuestra ciencia en un signo incontestable de interés por la historia. Los países en que debemos mirarnos nos llevan gran ventaja en excavaciones y museos (Vasa, Mary Rose),visitados por cientos de miles de personas.
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