os discípulos sentían deseos de conocer el tiempo exacto de la revelación del
reino de Dios; pero Jesús les dijo que no les era permitido conocer los tiempos
y las sazones, pues el Padre no los había revelado. Entender cuándo debía ser
restaurado el reino de Dios no era lo más importante que debían conocer. Debían
ser hallados siguiendo al Maestro, orando, esperando, velando y trabajando.
Debían ser los representantes del carácter de Cristo ante el mundo. Lo que era
esencial para una vida cristiana llena de éxito en los días de los discípulos,
es también esencial en nuestros días. "Y les dijo: No os toca a vosotros saber
los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero
recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo". ¿Y qué
debían hacer después de que descendiera sobre ellos el Espíritu Santo? "Y me
seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de
la tierra".
Esta es también la obra en que nosotros debemos ocuparnos. En vez de vivir a
la expectativa de alguna sazón o tiempo especial de 1052 conmoción, debemos
aprovechar sabiamente las oportunidades presentes, haciendo lo que debe ser
hecho para que las almas puedan ser salvas. En lugar de consumir las
facultades de nuestra mente en especulaciones acerca de los tiempos y las
sazones que el Señor ha puesto en su sola potestad, y que no ha revelado a los
hombres, debemos rendirnos ante el dominio del Espíritu Santo para cumplir con
nuestros deberes actuales, para dar el pan de vida, no adulterado con las
opiniones humanas, a las almas que están pereciendo por falta de la verdad.
Satanás siempre está preparado para llenar la mente con teorías y cálculos que
desvíen a los hombres de la verdad presente y los incapacite para dar al mundo
el mensaje del tercer ángel. Siempre ha sido así, pues nuestro Salvador con
frecuencia tuvo que reprender a los que se complacían en especulaciones y
siempre estaban investigando aquellas cosas que el Señor no había revelado.
Jesús había venido a la tierra para impartir importantes verdades a los
hombres, y deseaba impresionar su mente con la necesidad de recibir y obedecer
sus preceptos e instrucciones, de cumplir con sus deberes presentes; y los
mensajes de Jesús eran de una naturaleza que impartía conocimiento para su uso
diario inmediato.
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