ENFERMEDADES RESPIRATORIAS
Asma: deja atrás los mitos
A pesar de que su prevalencia se ha duplicado en la última década, es una de las enfermedades peor conocidas. Para evitar riesgos, nada como aclarar ideas.
La mejor forma de entender el asma es aclarar los muchos mitos e ideas erróneas acerca de la enfermedad que circulan por ahí. Diferenciar entre verdad y falsedad puede ser vital.
Mito 1: Los síntomas delatan pronto la enfermedad.
Falso. Aunque la gente asocia el asma a la disnea (dificultad para respirar), pitos (sibilancias), necesidad constante inhaladores... los síntomas pueden no ser tan evidentes. De hecho, la frecuente ausencia de síntomas claros explica que haya tantos asmáticos sin diagnosticar. ¿Qué pistas pueden dar la señal de alarma? Una de ellas es la tos. Si una persona tose al hacer ejercicio, si tiene toses nocturnas, si tose al exponerse al frío o cuando se ríe o llora, hay que consultar al médico: puede tratarse de asma.
Mito 2: El asma se cura.
Falso. “Aunque tiene tratamiento eficaz, el asma no tiene cura de momento”, explica el Dr. Joaquín Sastre, del Servicio de Alergología de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. “Es cierto que muchas personas asmáticas en la infancia ven que los síntomas remiten casi totalmente al llegar a la edad adulta, pero también es un hecho que dichos síntomas pueden volver a presentarse más adelante en la vida”.
Mito 3: Un poco de tos, pitos de vez en cuando... el asma no es una enfermedad tan grave. De hecho, hay muchos deportistas de élite que son asmáticos.
Falso y verdadero. El asma es una enfermedad seria e impredecible. Síntomas leves o moderados pueden volverse intensos sin previo aviso y requerir hospitalización o incluso provocar la muerte. En cuanto al deporte, en los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) se comprobó que entre un 8% y un 12% de los atletas eran asmáticos. Ciclistas (como Miguel Induráin y Alex Zülle), campeones de atletismo (Jordi Llopart, Patricia Morales), de vela (Theresa Zabell), natación (Mark Spitz)... consiguieron sus triunfos siendo asmáticos. ¿Cómo lo lograron? “Lo hicieron aprendiendo a controlar su enfermedad”, explica el Dr. Sastre. “Para ello, el deportista debe seguir el “plan de acción” creado por el especialista que le trata. Con ese tratamiento personalizado y conociendo bien los factores individuales que desencadenan sus crisis, cualquier persona con asma puede controlar sus síntomas y practicar su deporte favorito”.
Mito 4: Los medicamentos para el asma son peores que la propia enfermedad.
Falso. ¡Un peligroso mito! Si bien los esteroides orales tienen efectos secundarios indeseables, cuando el asma requiere esteroides orales, la medicación es mejor que la otra alternativa posible: hospitalización e, incluso, riesgo de muerte. Hoy, a excepción de los esteroides orales, la mayoría de los medicamentos para el asma tienen pocos efectos secundarios e incluso éstos tienden a desaparecer a las semanas de tomarlos. “Ahora, los anticuerpos monoclonales humanizados abren una nueva puerta en el tratamiento a los enfermos con asma grave (esos que viven con el temor constante a un ingreso hospitalario y a crisis potencialmente mortales)”, explica el Dr. Sastre. “La novedad es que actúan en la causa de los síntomas del asma alérgica (que engloba el 90% de los casos de asma), y, en concreto, bloqueando la inmunoglobulina E, o IgE; de ese modo, se impide que tenga lugar la cascada de respuestas inflamatorias características de la enfermedad”. Los estudios indican que esos nuevos fármacos reducen a la mitad los ingresos en urgencias, disminuyen la necesidad de corticoides inhalados y mejoran significativamente la función pulmonar y la calidad de vida de los pacientes.
Mito 5: el asma se hereda, pero no es contagioso.
Verdadero. El asma es una enfermedad autoinmune (generada por una respuesta errónea de las defensas a sustancias o situaciones que no deberían provocar la reacción inflamatoria que provocan), y por tanto no es contagiosa. Sin embargo, las personas con antecedentes familiares de asma o de alergias tienen mayor riesgo que la media de desarrollar la enfermedad.
6: Hay asma cuando hay problemas para respirar. Pero el asma va y viene, y hay épocas en el que enfermo no tiene asma.Mito
Falso. Un asmático lo es siempre. El asma es una enfermedad crónica y la inflamación de las vías respiratorias está presente, incluso en ausencia de síntomas. Hoy se sabe que si el paciente no está controlado, la inflamación puede acabar provocando daños pulmonares y empeoramiento de la función pulmonar. Como el asma está siempre presente, muchas personas necesitan tomar la medicación a diario para controlar los síntomas y prevenir los ataques.
Mito 7: El asma está ligada a las emociones.
Verdadero. Las emociones no producen asma, pero un episodio de llanto, estrés, risa, gritos, miedo... puede estimular los síntomas en el asmático.
Mito 8: Sólo hay que usar el inhalador (albuterol) cuando se presentan los síntomas de ahogo.
Falso. Hay que usar el inhalador al primer indicio de síntomas. Una aclaración importante: si utilizas albuterol más de dos veces a la semana para tratar los síntomas de asma, puede significar que tu asma no está bien controlada.
Mito 9: Mudarse a un clima diferente puede aliviar.
Verdadero... en parte. Si bien el traslado a un clima diferente puede aliviar temporalmente los síntomas de asma, al final los pulmones se sensibilizan también al nuevo entorno. Con el cambio, pueden aparecer nuevos factores desencadenantes y el asma puede incluso empeorar.
Mito 10. Cada caso de asma es diferente; lo que en unos desencadena síntomas, a otros no les afecta.
Verdadero. En algunas personas, el factor desencadenante es la alergia a los gatos o al moho. En otras, puede ser el ejercicio, la exposición a productos de limpieza, humo, incluso la propia gripe. Algunos factores son tan elusivos, que el paciente nunca consigue identificarlos. En cualquiera de los casos, el resultado es siempre el mismo: se produce una constricción e inflamación de las vías respiratorias que dificulta el paso del aire a los pulmones y desde los pulmones. Los pitos típicos del asma son consecuencia del paso dificultoso del aire por esas vías constreñidas y del aire bloqueado en los alvéolos pulmonares. En cuanto a los ataques, pueden ser moderados o severos y durar minutos, horas o días. Pueden ocurrir en cualquier momento, aunque son frecuentes los nocturnos. A veces, van precedidos de síntomas anunciadores; otras, suceden de pronto. Para evitar riesgos, nada como una comunicación fluida con el médico.
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