domingo, 14 de abril de 2013


Feria de Abril: diccionario para pasar por sevillano

Día 14/04/2013 - 01.02h
Entre música, baile y buen fino, Sevilla vive del 16 al 21 de abril su fiesta grande
Feria de Abril: diccionario para pasar por sevillano
Entre música, baile y buen fino los sevillanos viven del 16 al 21 de abril la Feria, un evento que cada año reune a miles de turistas. He aquí unos pequeños consejos para no parecer un extraño entre jamón y farolillos.
Faralaes: No escuchará nunca a nadie referirse así a los volantes, que es como define el diccionario de la RAE esta curiosa palabra que se usa siempre en plural. El faralá es un «adorno compuesto de una tira de tafetán o de otra tela, que rodea las basquiñas y briales o vestidos y enaguas femeninos, especialmente en algunos trajes regionales», pero nadie le llama así en Sevilla al traje de flamenca o de gitana, que es la manera apropiada para referirse al vestido femenino de feria.
Feria de Abril: diccionario para pasar por sevillano
Real: Otra de esas palabrejas antiguas que resucitan cada primavera en la tercera acepción que admite la Real Academia: campo donde se celebra una feria. El real de la Feria no tiene nada que ver con el Rey, aunque Don Juan Carlos y Doña Sofía visitaron la Feria en 1968. Es una forma arcaizante de referirse al recinto donde se celebra, desde 1973 en el barrio de Los Remedios, al otro lado del río Guadalquivir.
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Fino: Una de las variedades de los vinos generosos. Exactamente igual que la manzanilla, el palo cortado o el oloroso, por ejemplo. El fino o la manzanilla eran las bebidas que reinaban en la Feria porque se trasladaban en bocoyes o toneles para el consumo en las casetas en tiempos en que los graneles no se embotellaban en la misma proporción que ahora. Los sevillanos nunca lo usan como sinónimo de bebida y, mucho menos, en plural. «Tomar unos finos» es una construcción que delata a la legua al forastero.
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Caña: No pida una caña en una caseta a no ser que esté convencido de lo que está solicitando. A saber, le pueden traer: un vaso cónico y estrecho para beber vino; una cerveza de presión tirada en la barra; o un instrumento de percusión con el que se acompaña el cante hecho a partir del tallo de un carrizo.
Flamenca: Una flamenca es una flamenca y una gitana es una gitana. Aunque la una se vista de la otra. El traje de flamenca es una cualificada elaboración de los vestidos con mucho vuelo, vistoso colorido y adornos en la basquiña que usaban en otros tiempos las gitanas andaluzas y que ya no usa nadie en el día a día... salvo las inmigrantes rumanas llegadas en los últimos años. No hay edad para vestirse de flamenca, el único traje regional que sigue los dictados de la moda y que admite variaciones casi hasta la náusea.
Feria de Abril: diccionario para pasar por sevillano
Traje corto: El equivalente al traje de flamenca en su versión masculina es el traje corto, vestimenta campera adoptada por bailaores y toreros en festivales, cuando no se visten de luces. Al contrario que el vestido femenino, ampliamente extendido su uso prácticamente a cualquier hora del día o de la noche, el traje corto sólo se usa para montar a caballo, tocado siempre con sombrero de ala ancha. Si no va a montar, olvídese de usar sombrero o chaquetilla si no quiere caer en el ridículo.
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Mantón: Complemento perfecto para la mujer, tanto si va vestida de flamenca como de calle. El mantón de Manila es, en realidad, originario de China, donde se bordaban los tafetanes con hilos de seda de colores. La calidad del mantón se mide, entre otras cosas, por la puntada del bordado, la complejidad del enrejado y la longitud de los flecos. Una mujer siempre va bien vestida con un mantón, pero el ojo experto enseguida es capaz de descubrir si se trata de una pieza valiosa o del montón.
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Farolillos: De papel, rojos y blancos, se colocan a modo de bombos alrededor de las guirnaldas de luces que iluminan el real. La primera vez que se recubrió con farolillo veneciano (por el pliegue en horizontal) las lámparas de gas fue en 1877. Una leyenda urbana conecta el primer farolillo que se cuelga con los chubascos intermitentes tan propios de abril. Hay años en que el Ayuntamiento retrasa la colocación de los farolillos para evitar precisamente que se mojen.
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Alumbrado del Real
EFLIPE GUZMÁN
Alumbrado: La Feria no tiene inauguración formal ni programa de actos. Es el territorio del encarte, una manera peculiar de estar a verlas venir. La fiesta comienza oficialmente la medianoche del martes, con la llamada prueba del alumbrado, que como cualquiera pueda suponer está más que probado de antemano. Es la noche del alumbrado y así se la conoce. De un tiempo a esta parte, los socios de las casetas organizan cenas más o menos formales -la formalidad es sentarse a la mesa, cosa que no sucede ningún otro día de feria- tomando como base el pescado frito, del que los sevillanos son los más ávidos consumidores de España. Así nació la particularmente odiosa expresión de «cena del pescaíto», así en diminutivo, como las raciones menguantes con la crisis..
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Infierno: Es el parque de las atracciones feriales, llamadas aquí cacharritos. El nombre de calle del infierno es muy apropiado dado el volumen con que las diferentes barracas -este nombre sí que está en desuso- llaman la atención de los viandantes. Lo más curioso es que en estos terrenos desocupados durante el resto del año ofició misa por dos veces el Papa Juan Pablo II, únicas veces que se sepa que un pontífice romano ha pisado el infierno.
Feria de Abril: diccionario para pasar por sevillano
Sevillanas: Mujeres nacidas o residentes en Sevilla y nombre del cante popular flamenco por excelencia. Las sevillanas se bailan, siempre que se sepa, por parejas, aunque admite variantes de trío y cuartetos. Se ejecutan de cuatro en cuatro, cada una con sus pases diferentes. Y todavía hay cuatro movimientos más, llamados boleras, de muy rara ejecución.
Palillos: Nada que ver con la comida china, que todavía no ha llegado a la Feria, aunque no se descarta. Se trata de un instrumento musical de percusión: en la Feria no hay castañuelas, sino palillos con los que se acompaña el baile entrechocándolos cada vez que las parejas se cruzan. Otra palabra genuinamente andaluza que delata a la legua a quien emplea sin advertirlo su sinónimo de castañuelas.

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