Los científicas están tratando de hacer unos pronósticos más exactos de los huracanes catastróficos, cada vez más habituales.
Cuando el más feroz de los huracanes registrados en el Atlántico se abate sobre ti, no parece que el mejor lugar para refugiarse sea debajo de un toldo de madera y hojalata, sentado en un sofá recogido de la calle. Sin embargo, allí fue donde Don E. de parapetó cuando el Wilma azotó el sur de Florida a las 6.30 horas del pasado 24 de octubre. Para Don y su colega, empezaba la jornada laboral en Jimbo´s Place, un chiringuito de la playa de Virginia Key, en Miami,
Jimbo´s tiene todo el aspecto de una choza abandonada. Pero, ya sea por pura suerte o porque la construcción era más sólida de lo que aparentaba, sobrevivió a la furia de Wilma. Por fortuna, el viento había pasado de 295 Km/h en el mar a 195 Km/h en tierra, pero aún así casi todo el sur de Florida se quedó sin electricidad. Durante las dos semanas siguientes, gracias a un generador y a las bolsas de hielo donadas, el Jimbo´s estuvo abierto, el único lugar de la isla donde se podía encontrar cerveza fría y una amable bienvenida.
Wilma batió récords, en una temporada de récords extremecedores. A finales de agosto, el Katrina segó más de mil vidas y arruinó gran parte de Nueva Orleans y de la costa vecina.El daño superó los 100.000 millones de dólares -el desastre natural más costoso de la historia de Estados Unidos-, y las pérdidas en términos de vidas rotas son incalculables.