
Son como una alubia de poco más de diez centímetros de largo, de unos cinco de ancho y pesan medio kilo. Pero el hecho de que sean dos nos hace confiar excesivamente en su función sin prestar gran atención a su cuidado. Los riñones están formados por miles de filtros conectados a una especie de colador que se llama glomérulo. Todos los glomérulos juntos son capaces de filtrar al día unos 180 litros.
Los riñones son los encargados de limpiar la sangre: la filtra, la depuran, la equilibran. Y no sólo eso: regulan los elementos como el sodio, el cloro, el potasio, el fósforo..., avisan cuando no hay combustible y establecen el ritmo de obtención de más energía. Regulan el combustible que debe tener el líquido extracelular para que las células estén cómodas y trabajen a pleno rendimiento.
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