Según Joel Achenbach.
Actualmente comprendemos mejor los terremotos que hace cien años, cuando la tierra sacudió San Francisco, arrasando la ciudad e impulsando el nacimiento de la moderna ciencia de la sismología. Ahora, además, nos gustaría poder predecirlos.
La falla de Hayward, una larga y mortífera grieta en la Tierra, discurre al pie de las colinas de Berkeley y a través de la Universidad de California. Pasa por debajo de un teatro y de un par de residencias para estudiantes y resquebraja la escalera exterior de cemento del California Memorial Stadium. Después, la falla continúa por debajo del estadio. En un mapa, puede apreciarse cómo pasa entre los dos postes de la meta, en el fondo norte, recorre todo el campo, atraviesa el fondo sur y prosigue su trayecto, calle abajo, rumbo a Oakland.
En la década de 1920, cuando los arquitectos dibujaron los planos para la construcción de un gran estadio de fútbol americano en la universidad más importante de California, se negaron a que una imperfección geológica se interpusiera en su camino. La sismología era todavía una ciencia joven, pero al parecer los autores del proyecto advirtieron que en la falla de Hayward dos trozos de la corteza terrestre se mueven el uno respecto del otro. De modo que los arquitectos no se amilanaron y construyeron el estadio en dos mitades, con una línea, la falla, dividiendo la estructura. Las dos mitades des estadio podían moverse independientemente sin la menor complicación, en el caso de que ocurra el gran terremoto.