domingo, 13 de mayo de 2007

"EL LARGO VIAJE DE LA BALLENA GRIS"

La ballena gris hace anualmente un larguísimo viaje de ida y vuelta desde las gélidas aguas de Alaska hasta las costas de California, en México, donde reside hasta completar su ciclo reproductor. Su aparición masiva atrae a gran número de turistas que, a bordo de barcas motoras, intentan ver a los cetáceos de cerca.
El biólogo Manuel Castellote, investigador del acuario de L´Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, colabora con el centro mexicano School for Field Studies en un estudio para calibrar el impacto que estos avistamientos producen en la ballenas que recalan en la bahía Magdalena.
Tras 10.000 Km de viaje, cada año entre diciembre y febrero arriban a las costas de Baja California miles de ballenas grises en busca de aguas calmas donde aparearse y reproducirse. Procedentes de las mareas de Beaufort, de los Chukchi y de Bering, en Alaska, las ballenas recalan en la costa bajocaliforniana habiendo perdido durante el viaje hasta el 20 % de su peso corporal.
En el centro de la península, justo en la frontera entre los estados de Baja California y Baja California Sur, se encuentran las lagunas pertenecientes a la Reserva de la Biosfera de El Vizcaíno: Guerrero Negro, Ojo de Liebre y San Ignacio. Aquí se congregan cada año miles de ejemplares dispuestos a cumplir con su ciclo biológico. Algunas hembras llegan ya preñadas del año anterior y paren en estas lagunas de aguas someras. Las que no están se aparearán con varios machos durante su estancia de más de tres meses en aguas mexicanas.
Seguramente emprenderán el viaje de dos meses y medio hacia el Ártico ya fecundadas.
La población de ballenas grises oriundas del Pacífico Norte está formada por unos 20.000 ejemplares y se considera que su estatus es estable. La especie está hoy fuera de peligro pese a que durante los siglo XIX y XX estuvo al borde de la extinción por lo menos en dos ocasiones tras años de caza incontrolada.